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Bartolomé Martínez: "Quiero que se vea que a esta edad seguimos valiendo"

Cieza.es | 14 de agosto de 2018 a las 10:35

"¿Ha visto la memoria de actividades de los últimos años?", pregunta con ojos chispeantes Bartolomé Martínez Bernal, presidente la Asociación para la Cultura y el Tiempo Libre de los Mayores (Acutima). Aunque a sus 93 años tiene un aspecto sano y vigoroso, se avecina ya el día en que habrá que encontrarle un sucesor. Lo mejor de su tarea es estar en contacto con personas y situaciones que le recuerdan el valor de sentirse vivo y le permiten acercarse tanto a los problemas e inquietudes como a la gratitud y bondad de los demás. Persona de sólida formación humanista, es el responsable de haber afianzado en Cieza la integración social de las personas mayores a través del envejecimiento saludable. Pero todo eso, no siendo poco, no es lo más importante que se puede decir del entrevistado. Lo más relevante es señalar que es una persona buena, generosa y cordial. A primera vista, parece el típico caballero simpático y educado, pero él se describe a sí mismo como "un trabajador nato". Pero es que además es un ciezano estupendo, porque es un hombre libre y sencillo, a pesar de las visicitudes de la vida, lo cual es admirable.

Martínez conoce la asociación mejor que su casa. Después de veintisiete años al frente de la misma, ha aprendido a satisfacer las necesidades e inquietudes de sus asociados. "Nunca me canso de ella. Me siento sumamente cómodo cuando comparto mi tiempo con ellos", afirma. En Acutima bullen las ideas, los proyectos, las iniciativas. Y, desde luego, la vitalidad. Esta asociación no es tan sólo un grupo de personas mayores en cuyo seno se proponen y se desarrollan las propuestas más interesantes. Es también un refugio de personas que se sienten solas. "Desde sus inicios hemos pretendido promover entre las personas jubiladas o en periodo de prejubilación su desarrollo sociocultural, mediante su participación en actividades que favorecies en el aprendizaje y difusión de hábitos y habilidades que pudiesen contribuir a tener una calidad de vida óptima durante su vejez, permitiendo una jubilación activa y autónoma". No es extraño que se haya ganado una cierta notoriedad y simpatía entre sus vecinos.

Le pregunto si, durante su jubilación, alguna vez imaginó llegar a convertirse en el presidente más longevo de un colectivo ciezano. "Podría haber soñado con ser el presidente de la asociación durante unos años, pero no a lo largo de más de un cuarto de siglo. Nadie, incluso de mi primera junta directiva, pensó en que aguantaría tanto tiempo". Esta larga y fructífera trayectoria ha marcado la vida y la mentalidad de sus asociados. Así, actualmente existe toda clase de actividades que acentúan la sensación de los mayores de llevar un envejecimiento activo. Crece la conciencia de aprovechar al máximo esta etapa de la vida, y con ella la calidad de vida. Muy lejos queda aquel 15 de mayo de 1991 cuando se constituía la asociación. Lejos queda también aquella primera junta directiva comandada por él e integrada por Bartolomé Herrera (vicepresidente), Pascual Fernández (secretario), Manuel Villalba (tesorero) y los vocales Julián Pino, Manuel Guardiola, Antonio Montiel y Manuel Pino.

"¿Se siente con energías?". "Me siento fenomenal. Seguiré al frente de Acutima mientras pueda, me gusta lo que hago". Decir que está hecho un chaval es, a todas luces,exagerado, pero por lo que se puede comprobar durante la entrevista, tiene ganas, muchas ganas por seguir haciendo las cosas bien, por impulsar la integración social de los mayores. En una de las conversaciones habla de un argumento poderoso para que los gobiernos no amplíen la edad de jubilación a los 70 años. Un estudio francés, en el que han colaborado investigadores de varias universidades europeas, ha comprobado que los trabajadores que se jubilan antes de los 61 años mejoran su estado de salud percibido. "Es decir, los empleados tienen una percepción mejor de su salud, se sienten mejor, que antes de retirarse cuando les corresponde por edad. Como si 'rejuvenecieran' de golpe ocho años", explica en un tono pausado.  

Con una vida marcada por su inseparable mujer, Carlota, a la que perdió a finales del año pasado, el entrevistado se remueve de tristeza al recordarla. Lágrimas las que le han costado la ausencia, lágrimas que le sigue costando cada vez que su esposa se le viene a la cabeza. Sin embargo, cuando habla de ella aparentemente se le ilumina el rostro. La emoción y los recuerdos no hay quien se los quite. Y es que han sido más de setenta años de convivencia, varios hijos y una estabilidad sentimental que era ejemplar. Cuando se refiere a Carlota, pese a estar muy reciente su pérdida, emplea palabras al borde de la admiración, pero alicatadas con la dolorosa pintura de los sentimientos. Si algo sorprende de Bartolomé es su ilusión por recuperarse de una reciente rotura de cadera y alcanzar el sueño de ver el último trabajo artístico de su nieta Lorena Martínez, expuesto en el Museo Siyâsa bajo el título 'El Menjú: patrimonio cultural de Cieza'.  

Para complementar los recuerdos que guarda en su mente, este antiguo 'hilaor' -que llegó a tener su propia empresa de hilaturas- almacena además un tesoro de recuerdos externos. Además del detallado diario que lleva de la asociación, posee anotaciones encuadernadas, la historia de la industria del esparto en Cieza y carpetas con recortes de toda índole. "Simplemente quiero conservarlo todo. Mi familia me dio ánimos para hacer cosas que creí que no podía hacer. Me apoyó, me motivó para escribir", explica. Preservar todo lo relacionado con su dilatada trayectoria se ha convertido en la compulsión principal en su vida. Recuerda las cosas buenas, lo cual es muy agradable, pero también las malas. Y es que hay muchas encrucijadas en el camino, momentos en que uno tiene que elegir. Junto a su mesa de trabajo, revistas, libros, fotos y objetos. Contagia su pasión por la historia del esparto en Cieza y lo hace a través de turnos de voz serenos. El estilo de vida de este hombre y el hecho de estar tan activo podrían ser la razón de su longevidad.

Hay buenas razones evolutivas para que la memoria nos falle del modo en que lo hace. Si todo lo que vemos, olemos, oímos o pensamos quedara archivado en la enorme base de datos que es nuestra memoria a largo plazo, la información irrelevante acabaría por colapsarnos. En su relato 'Funes el memorioso', Jorge Luis Borges describe a un hombre paralizado por la incapacidad de olvidar. El hombre recuerda cada detalle de su vida, pero es incapaz de distinguir entre lo trivial y lo importante. No puede establecer prioridades, ni generalizar. En su relato, Borges llega a la conclusión de que la capacidad de olvidar, y no la de recordar, es la esencia que nos hace humanos. "Pensar es olvidar', escribe Borges. Envejecer también es olvidar. Por ello, Martínez se cuenta entre los pocos nonagenarios que pueden explicar historias del esparto tanto con la palabra como con el texto. Su último trabajo 'La espartería en Cieza: recuerdos de un pasado reciente' se ha hecho acreedor de un accésit en el IV Certamen deTextos Ciezanos 'Memorial Mariano Camacho' que convoca el Club Atalaya y la Universidad de Murcia.