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Voluntarios culturales que dan ejemplo de interés por Siyâsa

Cieza.es | 1 de agosto de 2012 a las 13:10

Resulta aleccionador comprobar cómo un grupo de jóvenes trabaja de manera desinteresada para que este yacimiento único en el mundo mantenga en pie los muros existentes y las 19 edificaciones ya excavadas.

Voluntario es la persona que, por elección propia, dedica una parte de su tiempo a la acción solidaria y altruista, sin recibir nada a cambio. El voluntariado es una forma de acción cultural, una vía de participación de la ciudadanía y de articulación de la sociedad. Un ejemplo de ello son los 24 jóvenes ciezanos que realizan trabajos de recuperación y conservación en Medina Siyâsa.

A los pies del Castillo de la Atalaya se encuentra el despoblado hispanomusulmán más importante de la Península Ibérica. Este lugar no es solo la meta de los amantes de la Arqueología. Hasta el próximo 10 de agosto es también destino de jóvenes con ganas de echar una mano, gracias al Curso Arqueológico 'Hisn Siyâsa' organizado por las concejalías de Museos y Patrimonio Histórico y Juventud del Ayuntamiento de Cieza.

Después de la buena acogida que tuvo la pasada edición, de la que se hizo eco la revista digital de la Federación Española de Asociaciones de Amigos de los Museos (FEAM), los organizadores no han dejado pasar la oportunidad de repetir la experiencia bajo la dirección de los arqueólogos Joaquín Salmerón y Francisco Escobar.

Para un enclave arqueológico que está en boca de todos debido a la fragilidad de sus condiciones de preservación, no pasa desapercibido el hecho de contar con la ayuda del voluntariado cultural útil a la sociedad. Diez días y muchas horas para conocer in situ el yacimiento y diseccionar en qué estado se encuentra el entramado urbano del mismo. Y es que su contribución es vital para que la zona excavada no se deteriore cada vez más.

Entre los voluntarios que acuden al curso arqueológico, hay alumnos del IES Los Albares como Carmen Lucas y Roque Belda, futuros periodistas como Daniel Rodríguez, estudiantes de Historia como Francisco Miguel Zamorano, arquitectas recién licenciadas como María Encarna Caballero, guías oficiales de Turismo como Cristina Lucas e incluso pintores como José Antonio Hellín.

Entienden que la mejor manera de contribuir a la conservación de este yacimiento es el voluntariado cultural, y prefieren destinar una parte de su tiempo a este curso arqueológico y sacrificar otras actividades. Con muchas ganas, con enorme ilusión y sobre todo con mucha concienciación sobre nuestro patrimonio histórico realizan las tareas de conservación bajo un sol implacable.

Para quien no lo sepa, Siyâsa en su época de máximo esplendor (s. XII y principios del XIII) contaba con unos 4.000 habitantes y estaba constituido por 787 viviendas. Esta ciudad musulmana se encontraba en el corazón de la Cora de Tudmir, en el reino de Murcia. La alcazaba tenía dos recintos amurallados, el inferior o albacar, destinado a la protección de la población, y el superior o celoquía, en la zona más inexpugnable que constituía el bastión defensivo.

En el año 1243 pasó al Reino de Castilla por la Capitulación de Alcaraz ante el rey Fernando III, representando a su hijo el príncipe Alfonso, más tarde Alfonso X el Sabio. En el año 1281 la villa con su castillo pasa a la Orden de Santiago. Con el tiempo vino el despoblamiento y la ciudad se trasladó a su emplazamiento actual a orillas del río Segura.


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