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Los ciezanos no dan la espalda a la reapertura del mercado semanal

Cieza.es | 21 de mayo de 2020 a las 10:31

Hubo mercado semanal este 20 de mayo, un miércoles atípico porque no había calles atestadas de personas ni filas larguísimas de puestos, un mercado semanal reservado a las frutas y hortalizas de temporada, encurtidos, frutos secos, salazones, droguería e higiene. Es el otro mercado, el del estado de alarma y el coronavirus, unos puestos ambulantes que nunca desaparecerán porque la ilusión y las ganas derrotan al miedo y a la desesperanza.

Muy pocos se esperaban lo que sucedió este miércoles en el mercado semanal. Después de quedar suspendido por el estado de alarma, los ciezanos acudieron de forma fluida a comprar en el nuevo formato de mercado semanal organizado por la Concejalía de Comercio. Con ilusión, con alguna preocupación, pero, sobre todo, con la esperanza de que el municipio consiga recuperar una cierta normalidad, los vecinos hicieron cola para acceder al recinto acotado por las calles Cartagena, Azorín, Francisco Frutos Vives y La Paz. Desde primera hora, decenas de personas aguardaban en línea en la entrada bajo la supervisión de personal municipal y la vigilancia de la Policía Local, Protección Civil y Guardia Civil. En la gran mayoría de los casos la principal tarea -si no la única- de los responsables del acceso fue la de tomar la temperatura, invitar a lavarse las manos e indicar la recogida de una identificación adhesiva.

"Hoy es el primer día que salgo a comprar con gusto", nos aseguraba una septuagenaria vecina de la calle Quevedo. La mujer se abanicaba con un folleto mientras comentaba con otro cliente los procedimientos de distanciamiento social para realizar las compras. Ambas lo tenían muy claro. "Todos los ciezanos tenemos que ser muy responsables ahora. Hemos esperado mucho, pero, si Dios quiere, todo va a salir bien", confiaba. Y es que la población ha hecho un esfuerzo ímprobo por quedarse en casa y evitar el contacto social. Dentro del puesto de frutas y verduras, el rostro de la vendedora no podía expresar más felicidad. "No hay palabras para expresar la emoción que siento ahora mismo. Estoy muy contenta de volver a ver a mis clientes de tantos años", aseguraba María mientras se abría paso entre las cajas apiladas de melocotones, fresas y cerezas.

"Después de todo lo ocurrido, de los dos meses y pico de confinamiento, ¿cómo vamos a quedarnos en casa? No podemos quedarnos en casa, es el momento de salir y apoyar a los 'mercaeros'", comentaba un jubilado que aguardaba con paciencia su turno. De igual modo opinaba una mujer, de 42 años: "Merece la pena venir. Les deseo lo mejor a todos ellos porque dan un trato extraodinario". Además de con esa mención al momento en que vivimos, ella consideraba posible llevar a caber estas rutinas: "Hago mi vida normal, no se puede evitar ir al mercado o salir a una terraza, si no, no se vive", decía efusiva. Tanto tiempo de esfuerzo colectivo que podrían estar dando sus frutos. Eso es lo que opinaban, al menos, los dueños de los puestos que insisten en la necesidad de que la gente salga a comprar, "porque se han extremado las medidas de seguridad".

Muchos de ellos seguían mostrando a cieza.es su opinión. "Que dejen a los clientes coger la fruta y verdura con guantes de plástico como sucede en los supermercados", espetaba una señora enojada, mientras otros pedían "que se acorte el recorrido". El responsable de un puesto de encurtidos saludaba con velocidad mientras llenaba de pepinillos en vinagre una bolsa de plástico en la zona de la calle La Paz. Es uno de los habituales, y su vida baila entre los desplazamientos en furgoneta que le llevan a los mercados de los pueblos una frenética actividad en su almacén de encurtidos. Cuando sirvió la última compra de olivas a un joven, parecía que respiraba por un segundo y ordenaba, como si el que firma esta información fuera un cliente: "¡Dime!". Porque estamos viviendo algo imposible de imaginar hace apenas unas semanas y en estos momentos es cuando se aprecia la valía de la sociedad.

Una mesa y una sombrilla eran de momento su puesto, una balanza y unas bandejas de caracoles 'chupaeros' y 'maezas', sus aliados para lograr atraer el interés de los compradores. Hace más de diez años que esta conocida vendedora de caracoles se planta casi todos los miércoles en el mercado semanal para vender a sus clientes. Los conoce a todos por su nombre y se sabe los gustos de cada uno de ellos. También le gusta vender limones en bolsitas de plástico y cabezas de ajos. La anciana, de piel morena, sonreía y no perdía la ocasión de bromear con su marido. Las ganas de volver a la normalidad son lo último que se pierde. Y así se estuvo viendo en las colas que ya se apreciaban en las inmediaciones del acceso al mercado. En el ambiente de este mercado semanal tan atípico flotaba el agradecimiento a todos estos trabajadores que han visto reducida su facturación a la nada y no tiran la toalla