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Visitando los belenes como se hacía antiguamente en Cieza

Cieza.es | 30 de diciembre de 2019 a las 13:28

Las navidades de antaño están muy presentes en el imaginario ciezano, en especial entre quienes recrean 'Tradiciones y costumbres navideñas'. En un esfuerzo por dar verosimilitud a sus representaciones, los Coros y Danzas de Cieza escenifican la forma de bailar y cantar villancicos a la vieja usanza. Es un libro abierto de la Navidad huertana. Esta es quizás la frase más utilizada para definir esta escenificación que se realiza que se realiza a lo largo de la ruta de los belenes. Compuesto por varias visitas cuyo recorrido arranca en la capilla del Monasterio de las Claras, el lugar es extraordinario para quienes saben leer este libro navideño. Al principio, uno se sienta en el banco y no ve nada, no oye nada. Sin embargo, a través del silencio, algo palpita y brilla: la luz de un candil que porta el pregonero. Comienzan los bailes y los cantes cuya belleza evocan con fuerza unos momentos que quedaron detenidos, y latentes, en la memoria de nuestros mayores.

La luz de la tarde abandona el pórtico de Monasterio de las Claras, frente al Monumento al Nazareno de la Semana Santa, mientras se va encendiendo el alumbrado. Miembros de los Coros y Danzas de Cieza y un grupo de niños que juegan a la entrada del convento de clausura comparten el momento, en un entorno que poco ha cambiado con el paso del tiempo. Recorren el pavimento del patio interior que da acceso a la capilla y sienten siglos de historia bajo sus pies. Si uno se queda a la escenificación de 'Tradiciones y costumbres navideñas', lo agradecerá. Si lo vive, ya no será la recreación de una manera de vivir las navidades de antaño. También serán suyas.

Como en años anteriores y con el objetivo de recuperar así la antigua costumbre de cantar y bailar villancicos huertanos recorriendo los belenes del casco antiguo, unas setenta personas -entre miembros del grupo folclórico y de la Escuela Municipal de Folclore- intervinieron en esta actividad, aportando un toque de música y colorido a la Navidad. Lo más singular de la actividad es el carácter netamente costumbrista en el que se desarrolla cada una de las actuaciones. Son villancicos bailables como la 'Jota navideña' y 'La Virgen es panadera'. El repertorio incluye 'Suena el pandero y la gaita', un villancico huertano de los años 50 cantado por la Escolanía de San Joaquín.

En esta recreación, el traje huertano es más que una mera fachada. Tiene el poder de transformarlo todo por completo. El huertano puede hablar de otra manera, bailar de otro modo, comportarse de otra forma, porque es otra persona. Se coloca su atuendo y la línea que separa presente y pasado se desdibuja. El huertano no interpreta un papel. Se convierte en él. La ropa constituye la clave, a menudo con complementos, que se lleva en esta época del año. De esta forma interpreta un baile que afianza la identidad cultural de un pueblo. El suyo es el tipo de trabajo minucioso que solo un grupo folclórico que conoce perfectamente el pasado puede llevar adelante.

Toda la esencia de la vida tradicional huertana está presente a lo largo del espectáculo, en el que no faltan los trajes de paseo y de faena, como el de siega. Otro de los guiños a esa forma de vida tradicional lo encarnaba el presidente de este grupo folclórico, Jesús Saorín, ataviado de pregonero. Era el encargado de introducir por trovos cada actuación y anunciar la siguiente visita. El nacimiento de Monasterio de las Clarisas fue el punto de partida. Algunas personas llevaban en el interior de la capilla un buen rato para conseguir un lugar cercano desde donde ver mejor a los bailarines; otras, que casualmente visitaban el belén, no acababan de salir de su asombro.