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Poner el corazón y el talento en acercar al público al Mesías de Haendel y a las melodías navideñas del mundo

Cieza.es | 26 de diciembre de 2019 a las 20:56

La Navidad ciezana de los belenes monumentales, la de la cena de Nochebuena como gran acontecimiento familiar, la de la Misa del Gallo, la de la Cabalgata de Reyes y, por supuesto, la del recital de la Coral Ars Nova. Las razones que han convertido al concierto de Navidad en un auténtico clásico se resumen en una línea: la excelencia con la que este grupo polifónico afronta una cita musical que es la expresión más hermosa de estos días tan señalados. Las otras, quizá, sólo puedan explicarse al asistir el 25 de diciembre a la basílica de la Asunción, donde dan lo mejor de sí personas que aman genuinamente lo que hacen. Y es que una vez los tienes a todos en el mismo escenario, es increíblemente emocionante. La Navidad ciezana no estaría completa sin ellos.

A la lista de intensos acontecimientos navideños que se acumulan esta semana hay que añadir el retorno de la Coral Ars Nova a su actuación más esperada del año: el concierto de Navidad. No es ningún secreto que la expectación entre los ciezanos por esta cita musical es enorme. Una propuesta cultural importante y sobre la que no cabe otra cosa que recoger los frutos de un trabajo bien hecho. Masa coral y orquesta conformaron anoche la puesta en escena con la que Ars Nova se presentó en la basílica de la Asunción para interpretar una selección de 'El Mesías' de Haendel y un ramillete de villancicos del mundo, bajo la dirección de Alejandro Molina en su personal e impecable ejecución. Ensalzado por sus cualidades como director carismático y una presencia escénica cautivadora, Molina se granjeó de nuevo el reconocimiento en su condición de arreglista musical.

Pasadas las ocho y cuarto de la tarde, una cálida acogida en el templo despertó la sonrisa de los componentes de la coral nada más salir por la puerta de la sacristía y situarse en el altar mayor tras la obertura orquestal. La formidable estampa transmitió lo que la Navidad tiene de júbilo y de belleza. Uno percibe en el aire navideño de este evento, como si estuviera en una postal antigua, el encanto de la iglesia, las guirnaldas y los abetos, los resplandecientes rostros de niños acompañados por sus padres, y el calor de la estufa a la que se regresa al cabo de un rato. El puro placer de cantar irradiaba de cada una de las cincuenta voces mixtas ante un público receptivo que abarrotaba el templo. El impacto emocional del repertorio debió tanto al timbre vocal de los coralistas como a la sonoridad imprimida por los músicos.

Un canto a la Navidad, al poder de la música y a la pervivencia de las tradiciones. Como una invocación esencial de cultura y territorio emocional podría definirse este encuentro fraternal entre actuantes y espectadores en torno a la obra sacra de Haendel. Siempre disfrutar de un nuevo repertorio supone tanto un esfuerzo de renuncia como de aceptación. Oratorio y melodías navideñas se convirtieron en el eje vertebrador del recital. En la primera parte 'And the glory of de Lord', Glory to god' o 'Wortthy is the lamb' se sucedieron de forma cadenciosa. Los momentos más sublimes llegaron con la aparición de los solistas Manuel Moreno y Patricia Dato, que interpretaron 'Comfort ye my people' y 'Rejoice', respectivamente. Con voces e instrumentos hilvanados a la perfección, el célebre 'Hallelujah' puso el colofón a la primera parte.

La reaparición del coro por la parte central de la basílica puso las emociones a flor de piel. Sonaba de fondo 'Auld lang syne', una pieza de viveza y lirismo con espíritu escocés a cargo de un gaitero. Fue uno de los momentos más emotivos de la segunda parte, que ya había arrancado con la exquisita obertura 'Cavalleria rusticana', seguida del 'Ave María' del propio Mascagni en la voz de la soprano Patricia Dato. El torrente de emociones no decayó: 'Aleluya', de Cohen, revestido de sonoridad por el solista Juan Iniesta; 'El mensaje de los ángeles', de Geavert, defendido con suficiencia por Gloria García, o 'Noche de paz', de Franz Grúber, sellada con solidez por Patricia Dato y Pablo Martínez Pino. 'Adeste fideles' fue el punto y final a una velada que sirvió para dejar una huella imborrable. Y para corresponder a los aplausos, la 'Marcha Radetzky'.