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Capella Ad Libitum o el arte de hacer sentir de nuevo emociones olvidadas, ocultas, dormidas

Cieza.es | 23 de diciembre de 2019 a las 12:57

Los conventos de clausura son, por su idiosincrasia, un reducto protegido donde se han conservado costumbres, modos de vida y objetos de notable valor artístico y religioso. Entre las muchas razones por las que los ciezanos admiran el coro de cámara Capella Ad Libitum está el hecho de que ofrece un concierto de Navidad en la capilla del Monasterio de las Claras. En un lugar tan especial el público no sabe cuántas emociones puede llegar a descubrir. Y es que la actuación hace una llamada a todas esas emociones olvidadas, ocultas, dormidas. A la infinita capacidad de sentir del ser humano. Sirvan los villancicos populares como 'Adeste fideles' o 'Noche de paz'. Y sirvan también las canciones entrañables como 'Edelweiss' o 'Caresse'. Las notas de un piano, unas voces mixtas. El espectador casi lo había olvidado, pero de pronto llega algo y todo empieza de nuevo. Así es este recital navideño. Todo para hacer sentir de nuevo emociones que ya se habían olvidado.

A veces ocurre así. De pronto hay algo que les provoca. Los despierta. Y el público empieza a sentir. A emocionarse de nuevo. Una melodía. Es algo que recorre el cerebro despertando los sentidos uno a uno. Así fue el concierto de Navidad ofrecido este domingo por Capella Ad Libitum en la capilla del Monasterio de las Claras. Además de ser el escenario del belén de las monjas clarisas, el recinto religioso también es el lugar idóneo para extasiarse con el coro de cámara que dirige Antonio Salmerón. Un recital para hacer sentir emociones que parecían estar profundamente dormidas. Hay algo que la música puede hacer a la perfección: emocionar. Es una manera de mostrar a la gente que la Navidad puede ser incluso más bonita de lo que se imagina. Todavía quedan espacios para la música en lugares tan especiales que se convierten en recuerdos de cómo eran las navidades en el pasado. Una actuación de extraordinaria e incontestable calidad que vino enriquecida de la colaboración del pianista Pablo Martínez Pino, que mantuvo una gran conexión emocional con el coro.

¿Cómo puede un concierto de estas características captar la esencia de la Navidad que vive un constante cambio? Para el coro de cámara la solución es yuxtaponer lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo moderno. Sus componentes, sólo tienen una cosa en la cabeza: ganas de ofrecer un repertorio que vaya un poco más lejos de lo habitual. La obra que propuso ante un público entregado fue de lo mejor que se ha podido oír en mucho tiempo sobre este grupo de voces. De ello dio buena cuenta 'The Lord', de John Rutter, y 'Edelweiss', de Richard Rodgers. Con este hermoso arranque, los espectadores disfrutaron de principio a fin. Ese apego a la raíz, coherente con la trayectoria de Capella Ad Libitum, se dejó ver con piezas como 'Chiquirritín', Fuentecilla que corres' y 'Ya viene la vieja'. El viaje hacia la grandeza nunca se hace en solitario. Muestra de ello fue la interpretación de 'Panis angelicus' y 'Canción de cuna'. También mostraron su lado más desenfadado con un popurrí de anuncios navideños. Hay algo en la música que no cambiará nunca: la capacidad que tiene de evocar recuerdos y sentir de nuevo emociones vividas.