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Nicolás Verdejo: "No concibo la vida sin deporte, y el goalball me lo ha dado todo"

Cieza.es | 4 de octubre de 2019 a las 11:23

Aprender a ver. Ser capaz de ver, no sólo de mirar, es el fundamento de todo descubrimiento y, por supuesto, de todo logro humano. El jugador ciezano del IK Gipuzkoa, que ha vuelto a ser convocado por la selección española de goalball, llega al próximo campeonato de Europa con energías renovadas y comentando, en una entrevista a cieza.es, que desde el primer día se enfrentó a su deficiencia visual sin complejos ni dramas. "Tengo cataratas congénitas, y siempre lo he llevado con normalidad". Entregándose al cien por cien y apasionándose con su forma de entender el deporte hace que su entorno sea más cálido. "Siendo así, ilusionándonos con todo lo que hacemos, somos más felices y contribuimos a que la gente de nuestro alrededor también lo sea", resume su filosofía, bien aposentado en la distancia que la madurez proyecta sobre las cosas.

Arrancar la entrevista hablando de la medalla de oro conseguida por la selección española de fútbol para ciegos, en el campeonato de Europa disputado en Roma, no es desmerecer la personalidad de Nicolás Verdejo Aroca (Cieza, 1985) y su particular trayectoria en un deporte menos conocido como el goalball. Al contrario, es apuntar al centro de su pasión. "Me alegro mucho por ellos porque algunos jugadores están apurando su carrera. Es un oro inesperado, pero muy merecido", exclama con entusiasmo. Con su forma de entender esta disciplina deportiva bastaría para escribir una biografía de él bastante aproximada. No sería más que desandar la senda emprendida por este ciezano, que para abrirse camino en la vida ha buscado inspiración en el deporte.

El excelente momento personal por el que atraviesa Verdejo se ve refrendado en una nueva llamada del seleccionador nacional. En unos días disputará el campeonato de Europa en la ciudad alemana de Rostock y buscará con sus compañeros la plaza para los Juegos Paralímpicos de Tokyo en 2020, próxima meta para un combinado que aspira a estar entre los mejores del continente. Será el último tren que llevará a la capital nipona. La batalla por ese billete se presenta apasionante, puesto que es imprescindible meterse en semifinales. "Aunque estamos encuadrados en el grupo a junto a Finlandia, Bélgica, Alemania y República Checa, podemos estar seguros de que veremos grandes sorpresas".

Acaba de llegar de Madrid, procedente de la concentración del equipo nacional, y pronto empieza a acusar el bochorno del veranillo de San Miguel. Un café con él se convierte en una charla de sobremesa. No para de hablar de su deporte por los cuatros costados. Aprovechar el cierto descanso al que Verdejo se ha venido entregando durante su estancia en Cieza para atender a los medios dice mucho acerca del interés del lateral izquierdo por promocionar el goalball. "Yo en realidad empecé practicando fútbol sala, pero también jugué al baloncesto e incluso estuve en las filas del Voledores". Y es que ha tocado todo tipo de palos deportivos y la conclusión siempre ha sido la misma: "No concibo la vida sin deporte, y el goalball me lo ha dado todo".

Cuando se trata del goalball, Verdejo es capaz como nadie de comunicar la necesidad urgente de apoyar el único deporte paralímpico específico para personas con discapacidad visual, y su ardor verbal convierte a esta disciplina en algo suculento, apetecible, inmediatamente deseable, como ocurre cuando se oye a un prestigioso cocinero hablando del plato más exquisito que quepa imaginar. "Jugadores jóvenes y con conciencia de equipo. Lo que carecemos de talento individual lo ganamos como equipo". Es la respuesta que ofrece a la pregunta de cuál es el potencial de la selección española. "En mi caso tengo mucha experiencia en competiciones nacionales, pero muy poca en internacionales. Ojalá podamos ganarlo, sería grandioso".

Y pensar que todo empezó con 16 años en un club de Murcia, perteneciente a la Federación Española de Deportes para Personas Ciegas, y dos años después ya estaba en su primera concentración con el equipo nacional, aunque no lograra debutar con ella. Más tarde, cuando era ya estudiante de Educación Especial en la Universidad de Granada, ya planeaba su futuro profesional. Con el tiempo dejó atrás a su familia, sus amigos y su vida e Cieza para ir a ejercer su profesión en San Sebastián, donde se deja cautivar por su gente, su paisaje y, por encima de todo, su deporte favorito. Siempre militando en equipos menores de diferentes divisiones nacionales, recaló en el IK Gipuzkoa. Con su llegada el conjunto vasco consiguió el ascenso a la máxima categoría nacional.

Verdejo es un hombre corpulento, y locuaz, de cráneo rasurado y barba bien cuidada. ¿Su motivación? Como dice en la entrevista, "una rutina de entrenamientos que conlleva esfuerzo y sacrificio, pero que proporciona muchas satisfacciones. Los que estamos en el equipo nacional es por algo porque si no vales te largan". Él no podría vivir sin practicar este deporte. Sin embargo, se siente frustrado al ver que, pese a ser el único deporte paralímpico específico para personas con discapacidad visual, "no nos dan el bombo que merecemos". Las cosas son así desde hace tiempo, pero se muestra confiado en que un éxito deportivo a nivel internacional revierta la situación. "La ilusión es lo que mueve este juego", concluye. Una buena descripción del espíritu que inspira el equipo.