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María Pascuala González: "A mis 94 años sigo leyendo para distraerme, pero, sobre todo, porque me hace feliz"

Cieza.es | 20 de septiembre de 2019 a las 17:33

Curtidas por toda una vida de trabajo, las manos de esta ciezana acarician una novela. Tiene 94 años, es una mujer bajita, ligeramente encorvada y de sonrisa generosa, con gafas de montura metálica y pelo blanco. Lleva tres años unida a la Biblioteca Municipal Padre Salmerón por un estrecho vínculo. La lectura le impulsa a vivir cada momento. Se desplaza quincenalmente a este edificio de la Esquina del Convento, donde habla y ríe con el personal que la atiende, rodeándola de cariño. El estilo de vida de esta lectora ávida y el hecho de estar tan activa podrían ser la razón de su longevidad. Éste es el lado brillante de la vida de una nonagenaria que rezuma vitalidad por los cuatro costados. Los libros son recursos mágicos para entretenerse cuando uno vive solo. Por eso conviene tener algunos en casa y habituarse a visitar la biblioteca pública.La Padre Salmerón homenajeará a esta usuaria tan ejemplar el 24 de octubre con ocasión del Día de la Biblioteca.

Basta pasar un rato con María Pascuala González Vázquez (Cieza, 1925), viuda y con dos hijos, para que revele las fotografías más nítidas de toda su vida. Ella intenta asegurar que es una persona muy normal, pero no es cierto. "De cría aprendí a leer en el colegio de doña Luisa, que estaba en el Camino de Murcia. Después, cuando a los 17 años empecé a trabajar en la fábrica de Géneros de Puntos, seguí con mi afición por la lectura, que me ha acompañado toda mi vida. Así que lo que hago ahora es continuar con lo que he hecho desde que tengo memoria". A ella le gusta decir que ve el mundo a través de los libros, y que no necesita maleta, billete de avión ni cambiar moneda para viajar a otros países o vivir aventuras: sólo un libro que mejor se adapte a sus gustos y a dedicarle el tiempo necesario.

Esta abuela sencilla y de hablar chispeante presume en esta entrevista de su familia. Pero esa pasión por los suyos sólo es superada por su afán de leer. Uno de sus sitios favoritos para hacerlo es una mesa camilla que está en un rincón del comedor de su casa de la calle Ríos. Éste, dice, es un lugar para la imaginación y la reflexión. El otro es la cama. "Lo hago a diario pegada a la luz del flexo porque mi vista ya no lo que era. Tengo dos estanterías grandísimas llenas, con obras de Alejandro Dumas, Louise May Alcott, Cervantes, Julio Verne o Stevenson". Admite que relee muy poco porque, en palabras suyas, "me quedan muchos títulos interesantes por leer en lo que me resta de vida". Para ella, las vivencias que experimenta en la lectura son muy profundas, y no siempre le resultan fáciles de transmitir.

Difícil decisión. ¿Con quién comparte mesa camilla? ¿Con el sensible comisario Brunetti o el vividor Montalbano? ¿O tal vez con la forense Kay Scarpetta o la carismática detective Petra Delicado? Y es que María Pascuala no se ha perdido el rastro de ningún crimen en tapa dura, y no ha dudado en llevarse a casa a estos viejos amigos sabuesos. "Disfruto muchísimo con las novelas policiacas; son mis preferidas". Lo intrigante, lo extraordinario y las aventuras son otros de los temas que más le atraen. Son historias que ella vive con gozoso interés, acorde a su curiosidad y necesidad innata de ampliar sus horizontes. Cuando se le hace la entrevista, acababa de pasar por sus manos 'El viejo y el mar', de Hemingway. Y es que aprendió desde muy joven a descubrir en los libros esa mágica facultad de multiplicar la vida humana que tiene la ficción.

En un día normal, esta vecina del casco antiguo se despierta por la mañana a las nueve, toma el desayuno y hace sus labores domésticas. Sale a caminar por el vecindario, a menudo varias veces antes de la comida, o se acerca a la biblioteca a realizar las devoluciones para cumplir los plazos de préstamo. "Es un gusto venir a una biblioteca como ésta, con una colección de libros tan maravillosa y una gran disposición del personal a la hora de ayudar a las lectoras como yo", explica con una amplia sonrisa. Muestra un saber detallado de personajes y argumentos, y una admirable capacidad para extraer lo mejor de cada lectura. Parafraseando a Vargas Llosa, ella también puede decir, como Oscar Wilde dijo de Lucien de Rubempré, que la muerte de D'Artagnan, en el sitio de La Rochelle, antes de recibir el bastón de mariscal que le enviaba el rey, le conmovió el corazón.

Su secreto para vivir una larga vida reside en llevar una vida activa, mantener estrechas relaciones sociales, realizar una actividad física de baja intensidad y seguir una alimentación saludable. Su estilo de vida se traduce en años vividos con mayor felicidad. Con una vejez enriquecida y a la vez limitada por su avanzada edad, concluye la entrevista con una confesión: "A mis noventa y cuatros años sigo leyendo para distraerme, pero, sobre todo, porque me hace feliz". Ahora María Pascuala González Vázquez vive el tiempo de hablar de sus hijos, nueras y nietos, de sus rutinas diarias o de cómo gracias a la cuñada de su nuera Asunción descubrió la biblioteca municipal hace tres años. Es la capacidad de sorpresa que no desdeña lo que otras personas ven como mero engranaje de la cotidianeidad.