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Pascual Vázquez, pionero de la enseñanza del cine en la escuela: "No he sido un maestro vocacional"

Cieza.es | 7 de junio de 2019 a las 12:01

Pascual Vázquez Gómez (Cieza, 1942) era algo más que un maestro de escuela al uso: era fotógrafo y cineasta, además del artífice de la experiencia educativa con mayor éxito del Colegio Cristo del Consuelo. Quizá nadie se haya entregado al séptimo arte con más entusiasmo que los alumnos de este centro escolar ciezano en los años ochenta del pasado siglo XX. Algunos se mostraron recelosos al principio, pero organizó un curso de iniciación al cine para estudiantes y empezó a ganarse su confianza. Con el tiempo su proyecto llegó a llamar la atención del programa Revista de Cine, emitido por TVE. Aprender a rodar películas en las aulas fue para ellos una aventura singular. La conferencia ofrecida en el Museo Siyâsa bajo el título 'Felices 80. Hacíamos cine en la escuela' permite conocer de cerca la extraordinaria vida docente de este ciezano, desde la estrecha relación que mantuvo con sus alumnos -quienes inspiraron su amor por la ficción cinematográfica- hasta el momento en que ordenaba guardar silencio, y tras pronunciar las mágicas palabras "cámara, ¡acción!", ésta se ponía en marcha y los actores daban vida a la escena. En su intervención desgrana las experiencias vividas durante sus casi treinta y cinco años dedicados a la docencia, especialmente a la divulgación del cine en la escuela. Hace un repaso de lo que hizo en esos primeros años de la década de los ochenta, como cuando hojeas una revista. Es un hombre de semblante sonriente, que emana la seguridad de quien ya ha alcanzado varias veces las cimas del mundo y tiene la intención de seguir en su empeño. Su memoria fluye como una película, incesante e incontrolable.

Para complementar los recuerdos que guarda en su cabeza, Vázquez almacena además un tesoro de recuerdos externos. Además del detallado currículo de premios y menciones que conserva desde su etapa como responsable de esa maravillosa experiencia educativa, posee una videoteca de cintas, un baúl lleno de grabaciones originales en Súper 8 mm y un archivo de fotografías. Todo empezó por su gran afición al cine. En 1979, paseando por la Atalaya junto a unos amigos, se preguntó cómo se las apañaría en su colegio para impartir cine como parte de las actividades extraescolares. La idea inicial fue transformándose en un proyecto generado desde la ilusión y con el objetivo de inculcar en los escolares los conocimientos necesarios para que pudieran realizar sus primeras filmaciones. Pero llevarlo a cabo no fue nada fácil. La idea, sin embargo, ya había empezado a caminar.

En esa época fue consciente de que allí estaba su último desafío. Después de todo, el cine había sido su primer amor. Desde que era joven, Vázquez siempre mantuvo un estrecho vínculo con el séptimo arte. Inspirado por las películas que veía, aprendió por su cuenta el lenguaje y la técnica cinematográficos. Pronto dejaría atrás muchas cosas para concentrar todas sus energías en su proyecto educativo. Inició su obra docente enseñando y la terminó inspirando a sus alumnos a amar el cine. "Yo no he sido un maestro vocacional; iba a clase porque me pagaban. Sin embargo, disfruté muchísimo con mis alumnos de cine", evoca con nostalgia este hombre menudo y afable. "Siempre tuve claro cuál iba a ser el objetivo del curso porque el cine en la escuela es la asignatura pendiente que el Ministerio debe aprobar", reflexiona con entusiasmo que evidencia su vocación.

¿Sabes cuando hueles algo y el olor te devuelve al pasado? Vázquez aún recuerda lo mucho que disfrutaba durante el proceso de montaje de los cortometrajes, cuando utilizaba la empalmadora para películas Súper 8 mm y unía fragmentos con acetona, jugando con las posibilidades expresivas que confiere la sucesión o yuxtaposición de los planos, pasando por la necesidad de encontrar un hilo conductor del desarrollo temporal de la suma de ideas, imágenes o conceptos que presupone toda película. El viejo maestro mira las filmaciones como un hijo mira a su madre, con esa mezcla entrañable de respeto y amor. A pesar de que hace muchos años que no veía esas imágenes, y a pesar de que ha pasado mucho tiempo, no deja de asombrarse y conmoverle la relación de profundo interés que el alumnado del Colegio Cristo del Consuelo establecía con su profesor.

En su exposición recurre a fotografías en blanco y negro hechas durante los rodajes, imágenes intimistas que se convierten en reflexivos intentos de recuperar recuerdos y salvar el abismo entre el pasado y el presente. Las fotos son parte de la memoria, parte de la identidad. En la medida en que la experiencia es la suma de los recuerdos, y la sabiduría, la suma de la experiencia, una memoria mejor no sólo significaría saber más sobre el mundo, sino también sobre nosotros mismos. También echa mano de lo que llama cariñosamente "chapuzas cinematográficas", las primeras prácticas realizadas por sus alumnos para "aprender a estar detrás y delante de una cámara". El rodaje era la prueba de fuego para estos chicos menores de 14 años que realizaban todo el proceso creativo de una película paso a paso. Se trataba de una labor de equipo supervisada por el director y el productor.

"De vez en cuando había momentos en los que me parecía increíble que aquello era verdad: ¡tenía frente a mí una cámara! -recuerda el actor Libanio da Silva-. Momentos en los que uno piensa: esto es algo irrepetible". Como irrepetible fue el momento vivido durante la clausura de la segunda edición del curso de iniciación al cine en el salón de actos del IES Diego Tortosa, cuando Televisión Española vino a grabar un reportaje para el programa Revista de Cine y los escolares ciezanos tuvieron el privilegio de contar para todo el país su experiencia. No sería la única vez que la televisión pública se interesara por este proyecto educativo que empezaba a dar sus frutos de películas premiadas en certámenes nacionales e internacionales. Así, por ejemplo, 'Futuribles' se alzaba con el segundo premio en el concurso de cine en Súper 8 del XIX Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud de Gijón en 1981.

Poco después, el Certamen Internacional Décima Musa del Cine de la Infancia y la Juventud de la Unesco concedió el gran premio ex aequo a las películas 'S' y 'Futuribles', ambas del Colegio Cristo del Consuelo. En la categoría de Imagen Real, el galardón fue a parar a 'S'. El jurado infantil de estos galardones concedió igualmente el primer premio a este trabajo protagonizado por Libanio da Silva. "Con voluntad y mucha imaginación se puede jugar al cine y aprender el lenguaje de nuestro tiempo". Es la respuesta que da Vázquez a la pregunta de cuál era el secreto de unos trabajos que se convirtieron en todo un referente del cine hecho por niños. Para él, alcanzar ese número de reconocimientos "no nos lo imaginábamos, ya que estas películas contaban con muy pocos medios". Esta circunstancia no afectó al resultado final, ya que, como asegura su responsable, "fue una iniciativa pionera en Cieza que más tarde fue continuada por Bartolomé Marcos en el IES Diego Tortosa".

El Museo Siyâsa es conocido por transportar a sus visitantes a lugares que nunca han visto, a través de sus salas, o a destinos que posiblemente nunca verán, a través de conferencias y exposiciones. 'Felices 80. Hacíamos cine en la escuela' casa perfectamente con esa vocación: es un viaje por una experiencia educativa llevada a cabo en Cieza de la que el público regresa comprendiendo mejor y valorando más la vida que se esconde en la figura de este pionero de la enseñanza del cine en la escuela. Se quedó su protagonista con la espina clavada de no haber podido entregar en su día a Libanio una placa debido a una errata en el nombre. Ahora ha podido sacarse esa espina tras subsanar ese fallo treinta y tantos años después. Vázquez está agradecido por tener una salud lo bastante buena como para disfrutar del senderismo, viajar por el país, tomar fotografías y compartir los recuerdos de aquellos felices años ochenta haciendo cine en la escuela.