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El ejemplarizante homenaje a 45 socias jubiladas de la Asociación Socio-Cultural de la Mujer San José Obrero

Cieza.es | 24 de mayo de 2019 a las 12:15

Hace tiempo que la Asociación Socio-Cultural de la Mujer San José Obrero dejó de ser sólo un grupo de vecinas del barrio al que pertenece. Ahora es bastante más que eso: uno de los cuatro colectivos de mujeres más representativos de Cieza, que ha encontrado en los últimos años el reconocimiento público que su larga trayectoria merecía. Pero no sólo merece reconocimiento por su labor en favor de la promoción de la mujer. Tanta o mayor admiración social requiere sus integrantes que han sido sus principales valedores. La asociación que preside María Yuste ha querido ahora hacer balance de estos treinta y tres años con un acto de homenaje a sus socias jubiladas. Pilar Gómez, Catalina Yuste, Paquita Ríos o Montserrat Arcas encarnan lo mejor de un tejido asociativo que resulta fundamental para avanzar en el camino de lograr una sociedad igualitaria. Es un ejemplo para todos, empezando por sus propias compañeras.

Cuando en un acto se ve juntas a todas las componentes de una asociación de mujeres, pasadas y presentes, y hasta a representantes de otros tres colectivos de la ciudad, lo primero que hay que hacer es quitarse el sombrero. Solo una asociación que es consciente de su contribución a la sociedad, y se siente orgullosa de ello, es capaz de ofrecer semejante imagen de unidad. Todas juntas mostraron su máxima admiración hacia las cuarenta y cinco socias jubiladas de la Asociación Socio-Cultural de la Mujer San José Obrero que han sido partícipes del desarrollo personal y colectivo de la mujer en Cieza. Escuchando elogios como los que dijo la presidenta de este colectivo, María Yuste, es fácil comprender cómo las homenajeadas se han ganado el reconocimiento público y por qué siguen vinculadas activamente en la actualidad.

Para entender el camino de personas como Pilar Gómez, Catalina Yuste, Paquita Río, Montserrat Arcas o la propia presidenta, que se asoció con 25 años de edad, hay que comenzar recordando un hecho decisivo: en 1987 se crearon los centros de la mujer y promoción de adultos de la Fundación Santa María cuya coordinación regional estaba en Murcia. Este hecho, que parecerá baladí, es la base de toda la estructura actual que adquirió entidad propia en 2001 tras inscribirse en el Registro de Asociaciones de la Comunidad de Murcia. Porque em ese espacio abierto, público y libre, se ha dado el encuentro entre mujeres de distintas generaciones, operando como núcleo de participación y contribuyendo de forma positiva al empoderamiento de la mujer en el barrio de San José Obrero.

Siempre con la mirada puesta en la promoción de la mujer, "nació con el objetivo de hacerlo en todos sus aspectos culturales, sociales y educativos, entre otros, y al mismo tiempo reivindicar su protagonismo en el desarrollo de la sociedad, propiciando su formación y facilitando su acceso a todo tipo de actividades", explicó Mariana Buitrago durante la presentación del acto. También quiso reivindicar el esfuerzo, la dedicación y la ilusión como motores para mover una asociación, elementos que se han empleado en este ámbito desde su constitución. Para cada una de las sesenta y cinco integrantes de este grupo, lo realmente importante es la familia, los amigos y los momentos compartidos entre ellas, y esa escala es indiscutible.

El aula de la Fundación Cajamurcia abrió sus puertas para una de esas citas que pueden quedar en la memoria de la asociación organizadora y del público asistente. Las emociones a flor de piel. Los momentos vibrantes. Esos que invitan a quedarse embelesado. Rosa Campos y Aurora Montoya, integrantes del Grupo de Literatura La Sierpe y el Laúd, recitaron con convicción a Lorca, Gloria Fuertes o Miguel Hernández. Poco después, la cantante Celia Aroca y el guitarrista Andrés Villa supieron plasmar con sobresaliente esa emoción contenida que suena en los temas elegidos. Nada robó protagonismo a la voz y a la guitarra, todo un transporte directo a la soledad del salón de casa. Esa fue la base de una actuación llena de autenticidad y frescura que alternó atmósferas lánguidas con chispazos de ritmo. Entre el público se encontraban el alcalde de Cieza, Pascual Lucas y la concejala de Mujer, Cristina García-Vaso.