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Recogimiento en la plaza Mayor para arropar la salida procesional del Santísimo Cristo de la Agonía

Cieza.es | 20 de abril de 2019 a las 12:18

Las farolas que dan luz de níspero van quedándose atrás a medida que uno de adentra en la calle Angostos. El apagado el alumbrado público deja paso a una noche gris pálida y azul a la luz de la luna. De vez en cuando, una bombilla encendida quiebra la penumbra. Estamos en el casco antiguo de Cieza, a escasos momentos de la salida de la Procesión del Silencio. Y vamos directos a su corazón. El destino es la plaza Mayor, donde, siguiendo la liturgia que dicta la tradición, culmina el Jueves Santos ciezano con la salida procesional del Santísimo Cristo de la Agonía. La mirada de este sublime crucificado se pierde en la muchedumbre que se abre a sus pies.  La talla del escultor Juan González Moreno se ilumina bajo cuatro faroles y el fulgor del plenilunio. Una sorpresa nos espera: un juego de sombras se proyecta sobre el atrio de la basílica de la Asunción. Una sorpresa más: el Adagio de Albinoni traspasa el silencio.

La sensación que experimenta el ciezano en el momento de ver salir al Santísimo Cristo de la Agonía es difícil de olvidar. Para quienes vienen de fuera por primera vez supone una sensación similar. No importa de qué lugar procedan. La salida de la Procesión del Silencio transforma y emociona a todos por igual.

Uno se recrea en cada momento y se deja llevar por la memoria, por lo que no sabe que vendrá. El tiempo parece suspendido, las voces se apagan. Con cada elegante mecido, la talla de Juan González Moreno te roba el corazón. Un íntimo calor invade desde su majestuosa madera de Dios antiguo. Murmullo, mucho murmullo. Y luego silencio, mucho silencio.

Nada más dar las doce campanadas en el reloj de la torre de la basílica de la Asunción comenzó la secuencia nazarena. Un año más, el público sigue respondiendo con todo su fervor al encuentro con el Santísimo Cristo de la Agonía. A la hora señalada la plaza Mayor y calles aledañas están hasta la bandera y resulta casi imposible encontrar un hueco.

Se trata de un cortejo marcado por la austeridad, sobriedad y penitencia. Desde 1931 organizan uno de los dosdesfiles procesionales ciezanos que se celebra íntegramente sin alumbrado en el recorrido. Ver al Cristo de la Agonía a la luz de la luna es una experiencia que no deja indiferente a nadie. La venerada imagen sólo se ilumina bajo cuatro faroles y el fulgor del plenilunio.

Una vez terminada su salida desde la basílica de la Asunción, la gente se apresura en buscar otro lugar para ver de nuevo a su Cristo. El cortejo se hace paso entre la muchedumbre al paso del tambor sordo en una de las noches más hermosas de la Semana Santa ciezana. Y es que la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía puede presumir con legítimo orgullo de una procesión ejemplar al servicio de nuestra Semana de Pasión.