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Un Santísimo Cristo del Perdón que te abre a una devoción profundamente arraigada entre los ciezanos

Cieza.es | 15 de abril de 2019 a las 11:57

Una cosa nunca cambia en la noche previa al Domingo de Ramos: la emoción que se palpa durante el traslado procesional del Santísimo Cristo del Perdón. Anoche la gente le miraba, le sonreía, le rezaba, le musitaba palabras, le pedía ayuda, le hacía la señal de la cruz. Fotografiar la imponente talla de Vicente Benedito implica en gran medida reflexionar sobre la función de la fotografía y sobre cómo utilizarla para expresar una idea de manera elocuente ya la vez artística. El perdón va totalmente ligado a la fe cristiana, como esencia de la propia fe.

Cuando el guión de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón hace su aparición en la calle San Sebastián, los primeros cofrades del tercio infantil hacen sonar sus campanillas. En ordenada y muda procesión recorren lentamente la puerta de entrada al casco antiguo de Cieza. Aquí y allá, en esta adoquinada calle mayor, pequeños grupos de espectadores esperan en la acera. Los más jóvenes, sentados en los poyetes de las casas, se van incorporando ante el avance del cortejo. Las dos largas filas de capirotes y túnicas de color azul ceñidas con cíngulo blanco se irá desdibujando conforme el trono se acerque. La calle va adquiriendo un carácter fuertemente religioso y sagrado, que ayuda a los más devotos del Perdón alcanzar el momento de introspección individual.

Son las diez y treinta y cinco de la noche, sobre el trono de Bonifacio Pérez de Yébenes -pero que se encuentra desprovisto de sus cuatrocaracterísticos faroles hechos por Emiliano Alfaro-, el crucificado. Reposa ligeramente inclinada la imagen sobre un manto de flor roja. Allí le portan con delicadeza sus cofrades. La banda sonora del traslado procesional vuelve a sonar en el momento de su paso por delante del Museo Siyâsa: 'Crucifixus' del compositor José Alberto Pina Picazo, notas que infunden emoción. A uno y otro lado de los varales, nazarenos. La expectación es interminable. Junto al clero, un piquete de honor del Cuerpo Nacional de Policía y la Banda Municipal de Cieza bajo la dirección del maestro Ginés Martínez Morcillo.

Para percibir en todo su esplendor un traslado procesional tan esperado por los ciezanos, uno puede empezar por ir a la Esquina del Convento y aguardar su salida de la iglesia de San Joaquín. El mismo tiene lugar tras la celebración eucarística en sufragio por las almas de los cofrades difuntos, oficiada por el sacerdote Rafael Martínez, seguido por un besapié. Dentro del templo se pueden admirar los preparativos antes de atravesar el portón del viejo convento franciscano de San Joaquín y San Pascual. Un minucioso y reglamentado ritual señala cada momento de su salida. Y tras dejar atrás los peldaños de la escalinata, y una vez que el paso se halla en el exterior, uno se abrocha el abrigo y se maravilla de lo que una buena interpretación musical puede llegar aconseguir.

A la hora señalada, salen los primeros nazarenos con sutradicional túnica azul ceñida con cíngulo blanco y, a continuación, el Crucificado portado a hombros. Los hermanos mecen la talla en la Esquina del Convento mientras las notas musicales infunden emoción. Cuando se coloca el ángel en la vara central, la hermosa talla de Vicente Benedito inicia su lento caminar hacia la basílica de la Asunción. Huelga decir que el público queda ensimismado ante su salida. El Cristo del Perdón ya se encuentra preparado para las procesiones de Semana Santa. Todos los esfuerzos de esta cofradía fundada en 1976 empiezan a dar sus frutos: prender la mecha de una nueva Semana Santa ciezana.


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