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Alberto Lucas Alarcón, Cofrade de Honor de la Santísima Virgen de los Dolores a título póstumo

Cieza.es | 14 de abril de 2019 a las 16:48

Murió Alberto Lucas Alarcón, o sería mejor decir que terminó de morir, después de un tiempo de pequeños sinsabores. Más allá de las turbulencias de la vida y los sobresaltos de los días, hubo siempre en él una dedicación incondicional y plena a la Cofradía de la Santísima Virgen de los Dolores. Fue uno de los pocos quehaceres que se permitió en una vida de generoso apoyo a sus hermanos cofrades, una relación en la que ejerció de lugar de referencia y de fuente de testimonio cristiano para muchos de ellos. Ninguno de los suyos faltó este Viernes de Dolores a su homenaje póstumo como Cofrade de Honor, a la altura de su grandeza humana y nazarena. Y es que dejó un ejemplo moral en cuanto a las relaciones con el mundo cofrade y la Semana Santa de Cieza. Se les fue un ser totalmente insustituible.

Vicente Carrasco quiso abrir el acto de la Cofradía de la Santísima Virgen de los Dolores con unas palabras para afinar los sentimientos que le llevaban a este emotivo homenaje póstumo: "Esta noche todos llevamos un dolor que nos hiere esta primavera". Pero a pesar de su tristeza y su pesadumbre al no creerse todavía que ha perdido para siempre a Alberto, Carrasco intentó lidiar por mantener la entereza y salir adelante en la iglesia de San Joaquín. Conforme avanzaba su alocución iba dejando al público con los sentimientos a flor de piel. En su intervención aseguró con voz entrecortada que "ha dejado honda huella entre nosotros, y ha dado muestra de sus valores y virtudes como su confianza y sentido del compromiso".

También dijo del homenajeado que había sido, ante todo, "un gran nazareno y un ejemplo para todos". Carrasco no titubeó a la hora de expresar lo que sentía tras su muerte con una orfandad enorme, porque más allá de su grandeza era su amigo. "Supiste llevar tu cruz con entereza; nosotros también llevaremos la pesada cruz de tu ausencia". Y concluyó: "Que tu recuerdo sirva para reforzar lo que nos une a todos los hermanos de la Dolorosa". Y es que sus compañeros, sus amigos, quienes tanto aprendieron de su palabra y de su ejemplo, quedaron huérfanos con su repentina muerte. Quienes le conocieron pueden testimoniar que se trataba de un hombre que creía firmemente en lo que hacía.

Su viuda subió al altar para impregnarse del cariño de su hermandad y recibir una metopa de manos de la presidenta de la cofradía María José Rojas, que estuvo muy afectuosa con ella, de quien no se separó ni un instante tras la conclusión del homenaje. Ana Valcárcel atendió visiblemente emocionada los saludos de los asistentes, y al comprobar el cariño de los cofrades hacia Alberto, exclamó: "¡Qué precioso!, él se lo merecía todo", y agradeció todo el respeto mostrado. Comandaban ese respeto, desencajados, sus hermanos cofrades más allegados; el presidente de la Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza, Joaquín Gómez; el Nazareno del Año, Antonio Lucas, y el pregonero de la Semana Santa, Antonio Morales.

Al mismo, asistieron, además del presidente de la Junta de Hermandades Pasionarias, el alcalde de Cieza, Pascual Lucas; la concejal de la Corporación Municipal Carmen Camacho y el presidente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, Pascual Bermúdez, habitual en este acto tan emblemático del último viernes de Cuaresma. En una perfumada noche de incienso y primavera, la tibia temperatura incitó a miles de ciezanos y visitantes a llenar el centro de la ciudad. Se cumplió la tradición del Viernes de Dolores y la Santísima Virgen de los Dolores abandonó la iglesia de San Joaquín pasadas las diez de la noche para encontrarse en la Esquina del Convento con el Cristo de Medinaceli.

'Tradición' es una palabra que se repite muy a menudo durante el Viernes de Dolores en Cieza, donde miles de vecinos aguardan en las aceras que, según la costumbre, se realice el traslado procesional de la Santísima Virgen de los Dolores desde la iglesia de San Joaquín hasta la Casa-Museo de la Semana Santa de Cieza. La tradición aporta vida a la Semana Santa y la Semana Santa aporta vida a la tradición. A veces se dan la mano. La solemnidad y la devoción de los cofrades se materializa en un hermoso desfile cuando llega una celebración tan señalad, la jornada que tradicionalmente se considera el preámbulo de la Semana de Pasión. Los más fieles miran la sagrada imagen con delectación, gozando plenamente en la contemplación de aquella belleza inconcebible en sus formas gracias al genio de Juan González Moreno.


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