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Un pregón hecho por un nazareno que aprendió de su padre a amar la Semana Santa de Cieza

Cieza.es | 8 de abril de 2019 a las 13:34

Todas las personas llevan etiquetas que asignan los demás. Las que elogian -"bondadosa", "honrada", "inteligente"- se llevan con orgullo. Las duras pueden convertirse en una carga para toda la vida, de la que la gente trata de librarse con desesperación. La etiqueta más duradera, y tal vez la más decisiva para alguien que ama la Semana Santa, es la que asigna en cuanto entra a formar parte de una cofradía o hermandad: nazareno. El pregón es uno de los mejores momentos del año para expresar lo que se siente siendo nazareno. Decir que el texto leído por Antonio Morales destacó este domingo por su brillantez es quedarse corto. Fue memorable. Y es que su alocución ayudó a comprender e interpretar la Semana Santa de Cieza, iluminando su historia y vislumbrando lo imposible, apuntando a una diana que los demás ni siquiera ven. Cualquier pregonero marcado por su amor a la Semana de Pasión tiene que decidir qué recordar, qué resaltar y cómo hacerlo. La memoria individual es una cosa, pero la memoria colectiva trasciende de generaciones y ayuda a definir el carácter de una Semana Santa. A veces, por casualidad, el sentimiento nazareno y la oportunidad de dan la mano.

"Algún día, hijo, llegarás a ser pregonero". Antonio Morales Balsalobre (Cieza, 1971), que admiraba y quería profundamente a su padre, y se sentía muy en deuda con su magisterio, aquellas palabras le debieron llegar al alma. Siguiendo los pasos de sus predecesores, Morales prosiguió este año con las singulares tradiciones en la antesala de la Semana Santa ciezana. Frente a un abarrotado templo, el pregonero se acercó al final del acto con una alocución muy sentida como la que muchos cofrades soñaron escuchar de uno de los suyos. El de Los Hijos de María adquirió así un lugar muy especial en la lista de personas que le precedieron en esta responsabilidad. Pero lo que también quedará para el recuerdo de este día sucedió nada más terminar la lectura. Se acercó a su madre y se fundió en un abrazo. Y es que el recuerdo de su padre recientemente fallecido estuvo muy presente.

El texto de Morales no tuvo desperdicio por su altura de miras, su calidad humana y su sentimiento nazareno. Eso sucede cuando quien habla de esa manera ama la Semana Santa de Cieza y sabe mucho de su historia, de simbolismos, de la profundidad que le confiere a las relaciones cofrades y humanas una comunión de valores. Para él, la Semana Santa "es vida y las procesiones son sendero y guía". Esa es su contribución, que aporta una especie de frescura al ejercicio de pregonar, una experiencia diferente a la hora de proclamar estas celebraciones tan esperadas. Salvo algunas excepciones evidentes, los pregoneros han respondido ante esta importante cita de la Semana Santa de Cieza como era deesperar, es decir, extraordinariamente bien. Sus intervenciones han cautivado a la ciudadanía en general y a la familia nazarena en particular. Y es que cada uno de ellos dedican mucho tiempo a preparar este día.

La proclamación que hizo ante un público entusiasmado fue de lo mejor que se ha podido oír en mucho tiempo sobre la Semana de Pasión. Sobre la dignidad de la familia nazarena, sobre el sacrificio y sobre la gratitud inexcusable de quienes lo hacen, y los retos y anhelos de unas procesiones que aspiran a ser declaradas, más pronto que tarde, fiestas de interés turístico internacional.Y es que afrontó los últimos minutos del momento más ansiado de la Cuaresma en plena conciencia de que, efectivamente, iban a ser los últimos de una experiencia única e irrepetible. Sobre el ambón de la basílica de la Asunción conseguía la probación del público para rubricar con una larga y cerrada ovación el pregón de Semana Santa. El propio presidente de la Junta de Hermandades Pasionarias, Joaquín Diego Gómez, felicitó al pregonero en el altar mayor, donde le impuso el escudo de oro del cabildo ciezano como recuerdo del principio de una larga y profunda relación.

Fue emocionante porque le echó mucho corazón. Quizás estribó en ello la magia de este nazareno forjado en los tercios infantiles de la Cofradía de la Oración del Huerto y el Santo Sepulcro porque él, si algo tiene, es magia para comunicar. Su naturalidad era tan espontánea que se tornaba en respiración, gesto, guiño, tacto y emoción, hasta que, de una manera profundamente humana, conseguía transmitir lo que latía en el interior de su corazón. En medio de lo que fue una feliz sucesión de sentimientos, reflexiones y experiencias que le ha dado una gran fuerza a su vida, el tramo final del pregón se convirtió en un canto a Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, que nació de la fe y la devoción que siente hacia la imagen titular de su cofradía. Con el corazón por delante se sale de cualquier compromiso. Y eso se notó.


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