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Juan Villalba Villa, al ser nombrado Cofrade de Honor de los Hijos de María: "Todavía no me lo creo"

Cieza.es | 1 de abril de 2019 a las 12:18

Engañar no es fácil, ocultar una sorpresa bajo una media verdad, algo más complicado, pero hacer resplandecer un engaño con las luces de una verdad está al alcance de muy pocos. Y entre esos elegidos astutos de la palabra, Juan Villalba ocupaba un lugar importante. Porque sólo él era capaz, en su etapa de la Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza, de engatusar al Nazareno del Año para que asistiera a su nombramiento sin levantar la más mínima sospecha. "No soy en más indicado para decirlo, pero me siento el engañador engañado. No me lo esperaba. Y he caído en la trampa por tercera vez, porque ya fui elegido Hermano de Honor de la Verónica y Dormi del Año". Al homenajeado de este año, como él mismo dijo al finalizar el acto, en la Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza le quieren. A él le unen vínculos sustanciales, lazos poderosísimos y empeños comunes.

El presidente de la Real Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, Rafael Pino, puso este sábado a Juan Villalba como "ejemplo de cofrade" al servicio de la hermandad tras entregarle la distinción de Cofrade de Honor de los Hijos de María. Es un reconocimiento bien merecido y respaldado por toda la hermandad hacia uno de sus miembros fundadores. La suya es una contribución de esfuerzo admirable, puesto que bajo su mandato como presidentea mediados de los años noventa se dieron los pasos para hacer realidad la casa-museo de la cofradía. Y es que el presidente y la directiva de entonces creyeron en la idea del proyecto y apostaron por ella.

Con esta distinción se quiso resaltar la vinculación vital y nazarena de Villalba con su cofradía, de la que da testimonio a lo largo de todo el año y, especialmente, durante la Semana Santa. Así, en la presentación del nombramiento, María Turpín destacó su continúa e incansable actividad nazarena. Rodeado de los suyos, incluidos numerosos miembros de sus otras dos cofradías a las que pertenece, la Verónica y la Oración del Huerto y Santo Sepulcro, el galardonado aseguró que este momento "era mucho para mí". Sin embargo, mostró su felicidad por este homenaje, que lleva muchos años mereciendo. "Cuando han dicho mi nombre no podía creerlo. Es más, todavía no me lo creo".

Antes de este momento, la capilla del monasterio de Las Claras vivió un preámbulo inolvidable para la familia nazarena. Es difícil presenciarla ceremonia de entronización de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza en sus andas sin pasar constantemente de la admiración a la emoción. Emoción porque los cofrades que la llevan a cabo cuidan hasta el mínimo detalle para que no pierda ni un ápice de solemnidad. Y cuando el acto terminó, la Cofradía de los Hijos de María respiró. La amenaza de lluvia tenía a todos en vilo. Aunque confiaban en que el tiempo iba a respetar el traslado procesional de la imagen titular desde la capilla del monasterio hasta su casa-museo en la calle DiegoTortosa, en el fondo quedaba el temor a que la cosa todavía no estuviera clara y que todo no saliera como de costumbre.Sin embargo, la noche quedó clara y despejada.


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