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Un extraordinario concierto de Navidad que encierra el pálpito de toda una gran coral

Cieza.es | 26 de diciembre de 2018 a las 13:03

Pocas asociaciones culturales hay en Cieza que sean más fieles a sus principios y fines que la Coral Ars Nova, incluso en la actualidad cuando todo es reinventarse. En lo que respecta a la música eso significa ser un referente inexcusable en la vida ciezana de los últimos veinticinco años. Hay una forma sencilla de entenderlo. El Concierto de Navidad del 25 de diciembre. Pero la cita de este martes por la noche fue mucho más que una celebración, pues incluyó el redescubrimiento de obras. Una actuación, como todas las de este coro fundado en 1994 por los profesores Concha Fernández y Antonio Salmerón, que aunó la exigencia vocal y la perfección musical, una doble referencia trenzada en la forma de interpretar de esta inagotable masa coral que cumple un cuarto de siglo de vida. El recital no pudo haber caído en mejores manos: el director Alejandro Molina lo convirtió en algo fascinante, técnicamente brillante y musicalmente tan delicioso como un mazapán.

La Coral Ars Nova se propone que cada Concierto de Navidad supere al anterior, y eso es cada vez más difícil. Se precisaba para esta actuación tan tradicional unos músicos de primer orden que sacaran adelante el repertorio con convicción orquestal y autoridad. Los hubo en la basílica de la Asunción: los violinistas Leticia Saorín, María Piedad Abellán, Iván Bermúdez, Javier Alburquerque, Belén Bravo, Elena Cano, Alicia Almarcha y María Sánchez; los violas Matías Mayordomo y Pablo Camacho, las violonchelistas Cristina Molina e Inmaculada Castillo, la contrabajista Almudena Gómez, los trompetistas Antonio Piñera y David Egea, los oboístas Beatriz Jiménez y Raquel Zamorano, el fagotista Gregorio Nicolás, el trompa Gabriel Montiel y los percusionistas Pablo Morales y Francisco Javier Oliver.

Los organizadores extendieron sobre el altar mayor a cuarenta y cuatro voces para componer la imagen -o al menos un fragmento- de la historia viva de esta coral ciezana. En torno a su vigésimo quinto aniversario, Ars Nova urdió un soberbio concierto en el que las obras se sucedían con minuciosa fluidez. Fue una pieza de orfebrería, tratada con una delicadeza formidable. Y es que sus componentes sienten que forman parte del gusto de un perfil de público que no entiende de edad ni de modas musicales. Para colmo, ellos son muy buenos y aman genuinamente lo que hacen. ¿Qué más pueden pedir a la música? No hay nada más bonito que escuchar algo que ha sido cuidado hasta el más mínimo detalle. En un programa que fue una sucesión de momentos asombrosos por su ejecución vocal, es difícil destacar sólo unos pocos. Como era de esperar por el contenido y el continente de la propuesta, el éxito fue mucho más grande de lo que se pensaba.

En la primera parte Mozart, Elgar y Vivaldi sonaron como las campanas de gloria. Los momentos más sublimes llegaron con la aparición de la soprano Patricia Dato, entregada y capaz de sortear con delicadeza los complejos requerimientos vocales de 'Laudate Dominum' de Mozart. En la interpretación de 'Let the bright seraphin', de Handel, contó con la complicidad del trompetista Antonio Piñera, que estuvo técnicamente muy seguro. Por su parte, el tenor Manuel Moreno exhibió con plenitud su canto noble y refinamiento expresivo, que tan bien encajó con 'Canción de cuna', de J.Brahms. También estuvo al mismo nivel el bajo Juan Iniesta con 'The trumpet shall sound', de Handel, acompañado por Antonio Piñera. Cada uno de los solistas cantaron con acierto y se ganaron el favor del público que le ovacionó con especial cariño e intensidad al final de sus respectivas intervenciones.

Mención muy especial merece la responsabilidad del director Alejandro Molina, impecable en su acercamiento al repertorio elegido. Consiguió unas excelentes prestaciones de la orquesta a la que ajustó perfectamente con las voces. Además, su lectura tersa y vibrante de algunas partituras tuvo detalles de exquisitez en las piezas más líricas y de profundo sentimiento en las más populares. En su breve alocución antes del cierre, Molina mostró su agradecimiento por la acogida y recordó que las actividades fundacionales de Ars Nova tienen como objetivo la difusión de la música coral, la formación de futuras voces y la contribución al desarrollo de la sociedad, promoviendo para ello actuaciones que tengan una auténtica utilidad cultural. También tuvo palabras de recuerdo hacia sus predecesores Antonio Salmerón, Juan Carlos Palazón y Patricia Dato.

Por la segunda parte del programa desfilaron los villancicos y las canciones navideñas más populares, desde la que abrió la misma 'It came upon de midnight clear' hasta 'Chiquirriquitín', pasando por 'Dime niño de quién eres', 'Fuentecilla que corres', 'Rin, rin', 'El tamborilero', 'Noche de paz', que contó con los solitas Patricia Dato y Manuel Moreno, o 'Adeste fideles'. Sin embargo, y para sorpresa de los asistentes, los temas adquirieron altura durante su ejecución. Porque cada una de las interpretaciones sonaron nuevas, diferentes, cultivadas de sutileza y exquisitez, poniendo de manifiesto que la voz es un instrumento divino. El repertorio contribuyó a crear un magnífico ambiente navideño en un escenario incomparable como es esta iglesia ciezana donde la emoción encontró aquí su lugar.

Como la Coral Ars Nova ha convertido la maravilla en rutina, trajo este martes a la Asunción un regalo musical que los espectadores ovacionaron incansablemente. Y es que volvió a facturar una música de extraordinaria e incontestable calidad, retando el poder de convocatoria de otras propuestas musicales y dando la espalda a las fáciles elaboraciones melódicas tan habituales en estas fechas. Un abarrotado templo ilustró la pujanza de la música coral entre los ciezanos. Junto a los músicos y los cantantes, la Cieza más diversa acudió a la velada. Entre otros, el alcalde Pascual Lucas y los concejales María Ramos, Pilar Martínez y Óscar Verdejo. Fue uno de los conciertos más hermosos que se recuerdan en la trayectoria de esta tradicional cita de la Navidad ciezana, que supone el colofón a un día tan señalado.


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