Ayuntamiento

'Picnic' sella el auge de lo ciezano en el Teatro Capitol

Cieza.es | 17 de diciembre de 2018 a las 12:44

Se entiende el interés con el que el público recibió este viernes el estreno de 'Picnic', con adaptación y dirección de Mercedes Dato: es graciosamente triste, reflexiva, cargada de preguntas y retrata con simplicidad la estupidez de la guerra. El mismo modo en el que arranca el texto de Fernando Arrabal, como si alguien echara un puñado de maíz a la sartén, con la imagen de un soldado haciendo ganchillo y de repente experimentando el miedo producido por un bombardeo, es ya casi una declaración de intenciones. El montaje, en el que todos los actores son ciezanos, es una apuesta por encontrar la comicidad en lo trágico. El público río mucho en diversos pasajes y aplaudió calurosamente al final de la representación, pero también se llevó de la obra una conciencia determinada.

La directora ciezana Mercedes Dato ha trabajado con mucho respeto 'Picnic', sacándole el máximo provecho a todos los elementos que teníaa su alrededor. Y es que ha adaptado libre y muy fluidamente el texto de Fernando Arrabal, que es un alegato contra la guerra. Directora y actores se han unido para una sola causa, mostrar al público una pieza del teatro del absurdo, siempre cargado de preguntas, meditaciones y personajes hilvanados a la perfección para que sus intérpretes brillen. Una historia muy reflexiva sobre la guerra, de las que dejan huella indeleble en el ánimo, porque, aunque sea una pieza de los años sesenta, los temas que plantea son muy actuales.

En el escenario del Capitol, ambientado con trincheras y objetos que evocan un campo de batalla, se desarrollaba esta historia de una búsqueda que es, al tiempo, un viaje de conocimiento, una meditación profunda sobre la identidad personal y el enfrentamiento con el otro. Un montaje de escenografía tenue con momentos muy dinámicos, en el que los personajes bailan un pasodoble o experimentan un bombardeo aéreo, que contiene escenas muy bien desenvueltas, y en el que destaca sobre todo el trabajo de las actrices que interpretan los papeles masculinos: está muy bien María Molina en su cometido de Zapo, y estupenda Mariela Lucas en el papel de Zepo. Sus diálogos están llenos de lucidez y de esperanza.

La acción transcurre en una suerte de no lugar que parece un frente de guerra, un espacio escenográfico casi desnudo, enfático, diseñado por Pedro Camacho e iluminado por Sergio Town y Luis Foulquie: una alambrada de espino enmarca un horizonte grisáceo de cielo ynubes. Sobre él, los personajes acentúan el estereotipo de sus perfiles de teatro del absurdo. Con este planeamiento de infinitas posibilidades, la obra camina por la delgada cuerda floja que separa la comedia y el drama. Lo interesante no es su denuncia, sino su descripción: cómo los jóvenes soldados enemigos ignoran y asumen con inocencia el motivo de su enfrentamiento; cómo la vida de ambos se asemeja tanto; cómo ninguno de los dos quiere estar ahí; cómo comparten el mismo miedo.

Los personajes tienen el carácter propio de los roles disparatados, aunque lo curioso no es eso, sino la emoción que provocan en el espectador. Dar carne a estos papeles tan peculiares es uno de los méritos de Arrabal y uno de los retos de Dato. El protagonismo está muy repartido. La vigencia de la obra, más de medio siglo después de su estreno, es abrumadora, y más todavía desde la doctrina del ataque preventivo y el uso de la fuerza para imponer la democracia en un país. En el argumento de esta historia emocionante por tantas cosas, e impregnada de delicioso sentido de lo absurdo, se desenvuelve con viveza un reparto que teje un relato de perdedores. Entre todos consiguen pasar al espectador un rato entretenido gracias a su buen sentido del ritmo y hacen que lo que cuentan no parezca muy gastado.

`Picnic' es la continuación lógica de la trayectoria teatral de Mercedes Dato, pero con muchos cambios que hacen de este libreto de Arrabal el mayor desafío al que se ha enfrentado la directora y actriz ciezana. Y es que ha centrado su trabajo e los últimos años en el teatro de acción social y los montajes pensados para niños. Ella disfruta dando vida a los textos y dirigiendo a los actores para que el público pueda contemplar esa ficción con la que poder examinar de alguna manera su vida. Esta vez sacándole punta al teatro del absurdo. La dirección subraya los elementos ominosos que profetizan lo inevitable. La puesta en escena de una obra cien por cien ciezana es, de entrada, y en espera de conocer su desarrollo, noticia de extraordinaria importancia cultural.

Un trabajo de muy altos valores teatrales que condiciona las interpretaciones: Lola Balsalobre encarna al personaje de la madre del soldado con la energía de un latigazo, aunque con cierta tendencia a la comicidad; Rodrigo Gómez da al padre del soldado entereza gestual; el hijo interpretado por María Molina equilibra los componentes de bonhomía y rabia; y Mariela Lucas entona la réplica del enemigo con fresca intensidad. El resto del reparto, en el que el espectador se encuentra con una breve aparición de Mercedes Dato y Sergio Town, juega sus bazas con eficacia en este registro que entrevera lo dramático y lo cómico. Ningún actor está mal desde el punto de vista de la interpretación, y en eso algo tendrá que ver la directora. Con ellos, de alguna manera, se revuelve la escena ciezana.


Galería multimedia