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Otra manera de ver la naturaleza

Cieza.es | 9 de noviembre de 2018 a las 13:31

El respeto por la naturaleza ha convertido a José VíctorVillalba en una suerte de inspirador pictórico de la conciencia en defensa del medio ambiente. Sus trabajos de investigación artística, así como su pasión por el paisaje, definen a grosso modo una trayectoria anclada en la defensa de la naturaleza, puesto que su ética ha influido en la aparición de una conciencia ambiental en su obra, lo que ha hecho de su mensaje casi un lugar común. De nuevo tocaba retornar a la tierra, aquella de la que con vínculos tectónicos brota su producción artística, a través de esta exposición promovida por la Concejalía de Museos.

Bien se podría afirmar que cuando los primeros estadios de la civilización a nuestros antepasados se les ocurrió abrir en sus viviendas unos primitivos agujeros de ventilación, empezó a escribirse el primer capítulo de la historia de la ventana. La evolución de este elemento arquitectónico es todo un viaje a través del tiempo y de las distintas sociedades. Y es que las ventanas han desempeñado un papel fundamental en la vida de las personas, asegurando su acceso a la luz, el aire fresco y las vistas del exterior. En su último trabajo 'Ventanas, una mirada educativa' José Víctor Villalba crea panorámicas en las que dialogan luz y relieve, pero que "desarrollan un hábito de separación entre el ser humano y su entorno natural" según explica el texto del catálogo.

El resultado son espacios construidos con los mínimos elementos, con un fuerte poder de abstracción y despojados de cualquier presencia humana, en los que toda la atmósfera se concibe a partir de un diálogo entre la luz y el relieve. Es indudable la capacidad que tiene estas 'ventanas' instaladas en el Museo Siyâsa para alcanzar, y posiblemente sugerir en el espectador, un significado simbólico. Volviendo al citado texto firmado por Bibiana Soledad Fernández, "las ventanas nos convierten en observadores temerosos de nuestra propia naturaleza. Esta separación se ve representada mediante figuras retóricas como la antítesis y utiliza también perspectivas aéreas o cenitales y una pincelada muy gestual, pero sin dejar la figuración".

Villalba sitúa su pintura dentro del espectáculo de la naturaleza, trazando el rastro entre lo natural y lo artificial del paisaje. Sus cuadros parecen a primera vista composiciones sencillas, pero en realidad han sido meticulosamente planificadas para captar un momento efímero y definitorio a la vez. Los fondos son profundos y han sido pintados hasta adquirir el tono y el matiz adecuados. Joaquín Salmerón Juan también escribe en el catálogo que su pincelada "es rotunda, libre, sin marco que la encorsete en academicismo alguno, una pincelada identitaria de él, que me hace distinguir un cuadro de Villalba aunque lo atisbe de lejos, desde el mismísimo horizonte de sus cielos, también monumentales en su construcción y multicolores, se unen, en infinito abrazo, con el paisaje inigualable de Cieza, de su tierra, de la mía".

Haciéndose eco del amplio y variado paisaje de Cieza, el pintor otorga significado e intención a este conjunto de obras acrílicas sobre tabla, incluso sobre metacrilato. Los intrincados paisajes resultan fascinantes y las vistas se desgajan y precipitan en vertiginosas panorámicas, algo que contribuye a transportar al visitante fuera todo tiempo. Sólo una mente tan enamorada de la tierra como la de Villalba y sólo una creatividad plástica empeñada en reflejarla, son capaces de resolver la idea de una propuesta artística como ésta. Una de las particularidades de esta colección es su cualidad de instantánea fotográfica. Uno de sus asombrosos paisajes es una vista, casi aérea, de la que sobresalen en estucadas pinceladas la luz, el movimiento del agua y la fuerza del río, representados simplemente por trazos azules que discurren por un cauce prácticamente intuido.   


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