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Pascual Belmonte: "Mi vida está plenamente justificada, tengo que estar satisfecho"

Cieza.es | 3 de agosto de 2018 a las 19:16

Cuesta trabajo imaginar a Pascual Belmonte como una persona que se amilane con facilidad.  Y, sin embargo, este ciezano de 80 años, que le cupo el honor de colocar a Cieza como uno de los municipios con más donaciones de sangre del país, creyó que el legado de la Hermandad de Donantes de Sangre 'Virgen de la Arrixaca' se le derrumbaba: "Pensé que era irrecuperable". Y así fue. Su dedicación a conseguir sangre para salvar vidas fue más allá de una simple labor de voluntariado: era un compromiso personal.

"A aquellos que ya hayan oído mis historias relacionadas con la donación de sangre, les ruego que me disculpen", dijo Pascual Belmonte en su intervención durante la entrega del Premio Fray Pasqual Salmerón 2008 otorgado al Centro de Hemodonación de Murcia. De forma excepcional, también le fue concedida a él una placa conmemorativa en reconocimiento a su contribución para la promoción de la donación de sangre. Pero a veces, observó el homenajeado, "es bonito escuchar las historias otra vez". La suya se reconoce al instante por las innumerables veces que se ha contado, escrito o divulgado de cualquier otra manera a los medios de comunicación: una persona entregada a los fines de la ya desaparecida Hermandad de Donantes de Sangre 'Virgen de la Arrixaca'. ¿Cómo un hombre, donante de sangre pero sin vinculación profesional a la sanidad pública, se abrió paso en una asociación hasta colocar a Cieza como uno de los municipios líderes en donaciones del país y convertirse en un referente de este ámbito de la solidaridad? Esta es su historia. 

Belmonte se hizo muy querido y respetado a raíz de acceder a la presidencia de la Hermandad de Donantes 'Virgen de la Arrixaca'en 1988. Antes, había ingresado como donante en 1976, llegando a ser vocal de la directiva en 1984 y alcanzando la vicepresidencia dos años después. Aquella labor altruista le dio una inmensa popularidad regional y disparó la que acabaría siendo una trayectoria ejemplar en el ámbito de la promoción de la donación de sangre. La sociedad halló en él una persona incansable en un contexto muy distinto al actual: un voluntario lleva a cabo labores de promoción. Resultaba especialmente llamativo en una época en la que se abolían por ley los bancos privados de sangre y se sustituían por las hermandades creadas en la década de los setenta. A pesar de la desaparición definitiva de las hermandades en 2002, y siendo asumidas sus funciones por el Centro de Hemodonación de Murcia, Belmonte siguió colaborando de forma discreta para concienciar ciudadanos, visitar emisoras de radio e impartir charlas. Las innumerables entrevistas concedidas a los medios de comunicación sirven para dibujar un revelador retrato de un hombre marcado por su compromiso humanitario.

"Veinte años no es nada", cantaba Carlos Gardel y sin embargo mucho ha llovido desde aquel 1997 en que los registros de la hermandad arrojaron 2.377 donantes atendidos en Cieza, 474 de ellos nuevos. Hubo un tiempo en que despertaban admiración y orgullo. Veinte años han pasado desde entonces, un periodo durante el cual, además de cambiar de siglo y de milenio, los dadores de sangre han ido disminuyendo paulatinamente. Una etapa que sorprende a una gran parte de los donantes más veteranos con un pie en la perplejidad y otro en el desconcierto, inquietos ante la situación que ha hecho tambalear las extraordinarias cifras conseguidas en Cieza. Tiene Belmonte razones sobradas para lamentar la situación actual en cuanto a la caída en picado de las donaciones. La tarea hercúlea de desafiar la adversidad reinante parece volverse una labor imposible, una acumulación de elementos empecinados en hacer difícil el objetivo de salvar, cuando menos, los muebles. Es admirable que él no desfalleciera y prestase su rostro para que los vecinos se lo partieran con la dura respuesta del abandono. 

Él quiere concienciar a la gente de que la disponibilidad de sangre, algo que se da por hecho en la sanidad pública, es todo un reto en algunos hospitales. En la Región de Murcia, los profesionales del Centro de Hemodonación tienen que arreglárselas como buenamente pueden. En los últimos años ha colaborado activamente en todas las extracciones que las unidades móviles realizan en Cieza, primero promocionándolas con el 'oreja a oreja' y en los medios de comunicación y luego estando presente en todas las campañas programadas en los meses de enero, mayo y septiembre. Su último caballo de batalla fue en encontrar un sitio que reuniese las condiciones de proximidad y sanitarias adecuadas para las extracciones. No pudo ser. Sin embargo, confiesa que su vida "está plenamente justificada, tengo que estar satisfecho". Y es que se siente afortunado por haber llegado hasta aquí con la complicidad y el apoyo de tantos vecinos y de tantos profesionales de todos los sectores que han querido compartir con él su causa. Este octogenario es un torrente de anécdotas y episodios que engrandecen su trayectoria.

Visitar el Monumento a los Donantes de Sangre, ubicado junto al Centro de Salud Cieza Oeste, o acercarse hasta la calle Donantes de Sangre, en el barrio de Santa Clara, conlleva conocer el legado indirecto de un hombre que hizo de su compromiso personal un gran proyecto social. Todo empezó hace más de cincuenta años, primero como donante de sangre y después, a partir de su jubilación a los 58 años, como voluntario de la hermandad. Belmonte sabía que lo que se traía entre manos suponía, básicamente, una solución a una gran necesidad: satisfacer las reservas de sangre de los hospitales murcianos. Así, cogió las riendas de la hermandad, que era comarcal, en 1988 con 12.500 unidades de sangre extraídas y cuando la dejó en el 2002 las unidades extraídas fueron 26.000. Sin duda, todo un ejemplo de cómo una buena gestión puede ser una forma eficaz de impactar positivamente en la sociedad. Es posible que un día no muy lejano la sangre pueda producirse en un laboratorio. Mientras tanto hay que quitarse el sombrero ante aquellas personas que, desde la concienciación y la generosidad, ayudan a salvar vidas.