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Arte paleolítico y restos de sus moradores juntos en los albores de la historia

Cieza.es | 13 de abril de 2018 a las 19:36

Hace aproximadamente 45.000 años, los moradores del Cañón de Almadenes empezaron a dibujar a la luz trémula del fuego y utilizaron como lienzo de su obra las paredes desnudas de cavidades y abrigos. Desde entonces, lo que hoy se conoce como la Cueva del Arco ha sido objeto de una campaña de excavación en un yacimiento único que aúna arte paleolítico y restos de sus moradores. Y es que la mayor innovación en la historia de la humanidad no fueron ni las herramientas de piedra ni los utensilios de hierro, sino la invención de la expresión simbólica por parte de los primeros artistas.

A escasos 18 kilómetros del Cañón de Almadenes, en la sala 'Manuela Burló Moreno' del Teatro Capitol, los profesores de la Universidad de Murcia Joaquín Lomba Maurandi e Ignacio Martín Lerma, muestran imágenes de un raspador para curtir la piel, un buril que sirve para trabajar el hueso o unas puntas de flecha para la caza que la humanidad utilizaba hace 45.000 años. Son algunas de las piezas extraídas de la Cueva del Arco durante la campaña de excavación que ha sido financiada por el Ayuntamiento de Cieza, la Dirección General de Medio Ambiente de la Comunidad de Murcia y Patatas Catalán, además del apoyo de la Dirección General de Bienes Culturales y el Hogar del Guía de OJE Cieza.

"Son objetos muy asombrosos que muestran la complejidad del mundo paleolítico, y con una talla que indican la existencia de unas cadenas operativas complejas", describe Martín Lerma para sorpresa y asombro de los humanos del siglo XXI que abarrotan el auditorio con ocasión de la conferencia titulada 'Novedades en la Prehistoria de Cieza: el Cañón de Almadenes y la Cueva del Arco', organizada por el Ayuntamiento de Cieza y la Universidad de Murcia dentro de la II Jornadas de la Historia. Con una selección de imágenes sobre estas reliquias ancestrales, los conferenciantes coinciden en destacar la calidad de las herramientas encontradas, entre ellas raederas convergentes y puntas de flechas.

Los humanos que crearon estos objetos y herramientas formaban parte de una población que habitó el Cañón de Almadenes desde la última fase del Paleolítico Medio (Musteriense, 45.000 a. C., según certifica el análisis de los carbones de hogares encontrados hasta el Neolítico antiguo (7.000 a.C.), periodo que abarcan los restos encontrados. Y cuando se asentaron en las cavidades de la zona se entregaron a la creación artística, al arte parietal. Miles de años después, la fuerza de esas pinturas sigue fascinando al observador. No es de extrañar que haya sido catalogado como yacimiento único, porque aúna arte paleolítico y el hábitat en el que se desarrolló.

Una de las mayores sorpresas ha sido descubrir un hogar gravetiense en perfecto estado de conservación y datado hace 30.500 años; asimismo se han extraído numerosos utensilios de sílex también de gran antigüedad y cerámicas decoradas de época neolítica. Los hallazgos realizados hasta el momento permiten confirmar la existencia de ocupaciones pertenecientes al Neolítico antiguo (7.000 años), Solutrense (21.000 años), Gravetiense (30.000 años) y Musteriense (45.000años), "confirmando a este yacimiento como uno de los pocos del Mediterráneo ibérico en los que se puede documentar la transición entre los últimos Neandertales y los primeros Homo Sapiens".

Y por su fuera poco, la campaña de excavaciones arrojaba una última sorpresa en la Cueva del Arco, que está relacionada con los ámbitos paleoclimáticos y paleoambientales, y que no es otra que la presencia de una capa de dos metros de 'loess' que, en palabras de Lerma Martín, "es una acumulación de sedimento muy fino, bastante homogéneo y no estratificado, originada por el viento y característico de las últimas glaciaciones. El 'loess' está presente en la Región de Murcia, pero se encunetra muy poco documentado, y el grosor tan elevado encontrado en esta cavidad de los Almadenes es un dato importante".

Todo el trabajo de análisis e investigación originado tras el incendio de 2015 en la zona del Cañón de Almadenes ha dado lugar al estudio de las pinturas rupestres con técnicas novedosas, lo que ha permitido, según Lomba Maurandi, "descubrir figuras nuevas y ver cosas que no se ven en la propias cuevas". El trabajo de campo ha sido largo y complejo, pues las cavidades presentan un acceso muy difícil, y de ahí el papel tan importantes de los espeleólogos de OJE Cieza, pero ha dado lugar a un archivo de imágenes en 4D de gran calidad. Para ello "se ha monitorizado y escaneado todo el arte paleolítico de la zona, una concentración anormalmente alta de arte rupestre de carácter excepcional".

Las pinturas representan ciervos, cabezas de caballo y de cabras, estas últimas frontales, no de perfil. "Eso también es bastante raro y escaso", valora Lomba, quien afirma que son una "auténtica joya", junto a las de las cuevas de Jorge y Las Cabras, también en el desfiladero. En su opinión, "son tres cavidades en un lugar muy concentrado, y otro foco en la Cueva del Arco, que se suman al selecto club de yacimientos paleolíticos excavados en el sureste español". Es posible que la explosión de creatividad que se contempla en las paredes se inspirase hasta cierto punto en los juegos de luces y sombras del entorno. Iluminadas por la luz de una fogata, las prominencias y las grietas de las paredes de roca podrían sugerir formas de la naturaleza.