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Chele: historia de una infancia perdida

Cieza.es | 13 de octubre de 2017 a las 12:57

'El puzzle desordenado' (Alfaqueque Ediciones, 2017) de Ascensión Buitrago Yuste 'Chele' tiene todo el aspecto de un desahogo que busca compresión e irradia esperanza. Es el testimonio demoledor de una superviviente de las heridas emocionales sufridas en la infancia. Un atrevimiento para el que ha contado con la complicidad del terapeuta Rafael Ibáñez, de Afemce, y el editor Fernando Fernández.

En la mente de toda persona suele haber una ilusión por realizar algo que, en la mayoría de los casos, permanece latente durante toda la vida. Desde que, hace unos años, la ciezana Ascensión Buitrago Yuste participa en los talleres de arteterapia impartidos por la Asociación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental de Cieza y Comarca (Afemce), contar su historia y publicarla se convirtió en su meta. Para Rafael Ibáñez, especialista en mejorar las emociones a través del arte, "es el resultado de un proceso terapéutico".

Hacia los secretos del alma dirige su libro 'El puzzle desordenado' (Alfaqueque Ediciones, 2017), esos que no logran ocultar ni la coraza más dura ni el paso del tiempo. Y es que la autora se centra en explorar profundidades interiores que tienen su origen en una infancia no vivida. Es un texto dirigido para todo aquel que quiera conocer y comprender las heridas emocionales en la infancia, narrado desde la experiencia de una persona que las ha vivido. Hace del dolor, el suyo propio, una lúcida reflexión sobre la superación personal.

En su escritura rememora el ambiente familiar vivido en su niñez, con esas descripciones de la intimidad doméstica algo agobiantes, en el que asoma la zozobra del desvalimiento humano. A lo largo de la publicación la autora reflexiona acerca de lo que nunca fue, de la infancia perdida y del dolor, del vacío interior que queda después de todo lo sufrido. Y es que se ha visto obligada a invocar el recuerdo de su infancia desde la atalaya de su madurez en un libro que aspira a la catarsis.

Esa niña era el paradigma de la indefensión y la soledad, no se tenía más que a sí mismo y estaba lejos del calor que genera una familia; lo suyo era sobrevivir. La narradora puede dar a entender que aquello que cuenta es durísimo o raya lo insufrible, pero siempre la comprensión y la esperanza ante lo vivido son las emociones que dominan el lector. Construye un testimonio muy crudo, que avanza emoción adentro. Lo hace de una manera desgarrada y, a la vez conmueve, pese al mensaje final de esperanza que hay en él.

Se trata, en definitiva, de un conjunto de vivencias y reflexiones encaminadas a ayudar a otras personas, a llamar la atención sobre la calidad del vínculo familiar, donde reside una gran parte de lo que seremos como adultos. Y es que la calidad de las relaciones tempranas son determinantes en el desarrollo de la personalidad y d ela salud mental, con especial relevancia de la figura materna. Su último propósito es contribuir a la superación de estas dificultades, y para ello es fundamental la comprensión de las personas de su entorno.

Se nota que Ascensión se ha encontrado muy a gusto plasmando sus sentimientos y añadiendo una pintura a cada uno de ellos. El último trabajo de Alfaqueque Ediciones es de fácil lectura, está muy bien editado, acompaña los textos con ilustraciones de trabajos del taller de arteterapia, y el título es significativo de su contenido. La lección que de estas páginas se podrían extraer la resume la autora: "Si yo he sobrevivido sola a todo esto, otras personas que se encuentren en situaciones parecidas a la mía pueden salir adelante".

En la presentación la presidenta de Afemce, Josefina Ruiz, agradeció a la concejala de Bienestar Social, Cristina García-Vaso, y al responsable de Alfaqueque Ediciones, Fernando Fernández, el apoyo que han prestado a la publicación del libro. También felicitó el trabajo de Rafael Ibáñez "por aportar terapias poco convencionales, pero con resultados magníficos". Ruiz manifestó que era "un gran día para Ascensión, pues se ha atrevido a contar lo que nadie quiere contar porque los traumas intrafamiliares están silenciados". Por último, se hizo la siguiente pregunta: "¿Cómo se pudo perder tanta infancia?".