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Valentín Sáez: "Si tuviera que dejar el Club Bosco, me siento tan orgulloso que me iría feliz"

Cieza.es | 1 de julio de 2017 a las 12:25

Aceptó el ofrecimiento de los fundadores Antonio Salas y Miguel Sánchez de presidir el Club Deportivo Bosco Cieza, y pasadas más de tres décadas, persevera en el trabajo bien hecho y en la defensa de una institución deportiva que, dice, "no desaparecerá mientras yo viva". Compromiso y más compromiso. Es la palabra que define su continuidad en una entidad modélica en muchísimos aspectos.

Pocos dudaban de la capacidad de Valentín Sáez Sánchez (Cieza, 1940) para mantener encendida la llama de uno de los clubes deportivos más longevos de la localidad, vinculado históricamente al barrio de San Juan Bosco. Con él se cimentaron los pilares de una asociación deportiva que es modélica en muchos aspectos. Tomar el relevo de su anterior mandatario no fue fácil. Pero este vecino de la calle Reyes Católicos, casado y con seis hijos, le ha confesado a 'cieza.es' que se siente comprometido a ser el motor que tire del carro, a regalar ilusión a los aficionados que desertado o han envejecido con los años.

Considera un lujo y un honor, además de un compromiso y una responsabilidad, llevar 33 años en un cargo por el que nadie más parece ser capaz de estar: "Es posible que sea el presidente más viejo de la federación". Le gusta jugar con la idea de que su dedicación personal forme parte de la vida de los jugadores. "Somos un club muy familiar. Yo soy una persona que siempre ha tenido ganas de echar una mano. Y eso es gracias a la directiva que me da la posibilidad de hacerlo. Creo que la nuestra función ha sido buena". Vuelve a abrir una pausa y sigue: "Si tuviera que dejar el Bosco, me siento tan orgulloso que me iría feliz".

Muy pronto cumplirá sesenta años un club que nació como una manera de inculcar hábitos saludables en los jóvenes de la parroquia de San Juan Bosco, lo que entonces, finales de los años cincuenta, era únicamente un embrión en el barrio. Desde entonces, ha sido al tiempo un escaparate, un motor y un termómetro del fútbol base local, que ha vivido sin duda sus mejores tiempos durante las últimas décadas. Para muestra, un botón: el infantil Miguel Ángel Penalva, autor de 58 goles en la última temporada, ha fichado para seguir formándose en las bases del Málaga Club de Fútbol para las tres próximas campañas.

A diferencia de muchos otros clubes, Sáez ha defendido siempre lo mismo. Su inamovible postulado ha sido que los logros deportivos no son importantes, sino los valores del deporte y la formación humana de los jugadores. Para unos, se trata de fidelidad a los propios principios del Bosco; para otros, manifestación de una visión romántica de la función del deporte cada vez más distante de la realidad. Todos reconocen, no obstante, la influencia que ha tenido el veterano mandatario en la penetración de los valores en los jugadores. Él afirma que se trata de "apartar a los críos de los malos hábitos que se adquieren a esas edades".

De su periplo en la directiva, se queda con los buenos y los malos momentos, pero "sobre todo, con el trato familiar dentro del club". Atrás quedan los momentos que hicieron tambalearse los cimientos de su compromiso adquirido en 1984. "Esto me ha costado muchos disgustos dentro y fuera de casa. Yo, desde luego, pienso seguir trabajando, reuniéndome con mis directivos y subiendo todas las tardes a La Arboleja, e intentando sacar adelante una nueva temporada". Y es que, pese a lo complejo de su labor, vio desde el principio del proyecto "todo bastante claro gracias a la ayuda encontrada".

Sáez no esconde todo lo que ha aprendido "al lado de grandes compañeros y amigos, desde Francisco Moreno Yepes hasta Pascual el Remolino, pasando por Manolo el panadero o Pascual 'Caricas'". Lo que más le gratifica es ver cómo su trabajo evoluciona a lo largo de los años de la mano de personas de su entera confianza como el secretario del club, "con quien no hago nada sin consultarle antes. Pedro y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo y, aunque a veces tenemos nuestros más y nuestros menos, compartimos una visión muy parecida de entender el club". Sea como fuere, el Bosco es fruto de un trabajo colectivo.

¿Qué mantiene en activo a Valentín a los 77 años? "Si me retirara, no sabría qué hacer. No es algo a lo que pueda renunciar". Dicen los que han colaborado con él que es un hombre educado, sereno, sensible y afable, pero un presidente trabajador y sumamente comprometido con los suyos. Seamos sinceros: simboliza un ciclo exitoso que ha abierto la puerta a jugadores ciezanos hacia canteras de clubes de Primera División y pone de relieve el trabajo bien hecho en una entidad que mueve a 400 chavales. Al fin, lo que hace este jubilado es trabajar y trabajar por el fútbol base.

Hace unos días, después de una intensa campaña, tuvo la oportunidad de clausurar la Escuela de Fútbol Club Deportivo Bosco-Cieza 'José Antonio Camacho', celebrada en el campo municipal de fútbol La Arboleja. Más de cuatrocientos jugadores se vistieron de corto para dar por concluida la temporada, en la que han competido dieciséis equipos, entre alevines, prebenjamines, benjamines e iniciación 2011/2012. Según el entrevistado, si con algo ha de quedarse en la jornada de clausura es con la labor del coordinador de la escuela, Fernando Túnez, y la presencia del jugador del Real Murcia, el ciezano Isaac Palazón, y Sergio, del Club Deportivo Cieza.

En esta dilatada andadura Sáez ha podido sentir el cariño, el respeto y el reconocimiento de los vecinos que nunca ha dudado en compartir con los padres del club. "Siento un orgullo enorme cuando alguien me habla de don Antonio Salas. Él hizo mucho por nosotros". Su último momento inolvidable con el querido sacerdote e hijo adoptivo de Cieza se remonta al verano de 2010 en el campo de fútbol La Arboleja, "donde estábamos asistiendo a un homenaje a los fundadores por parte de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Cieza".

Así, y consciente de la existencia de una entrevista realizada por la desaparecida Radio Cieza Emisora Municipal, le recordamos la grabación. "Fue una gran tarde -evoca-, tengo un recuerdo muy bonito y fue una manera estupenda de homenajear a Antonio Salas y a Miguel Sánchez". En aquella entrevista, le dijo Salas a Miguel Sánchez que "entre la parroquia de San Juan Bosco y el Bar Miguel siempre ha habido una relación muy buena. Muy íntima. Hasta el punto que más de una vez he dicho que este bar era una sucursal de la parroquia". La historia de cómo este legado ha llegado hasta nosotros es tan fascinante como la de los afectos que simboliza.


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