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Domingo Lucas: "Volvería a hacerlo si tuviera la certeza de poder salvar una vida"

Cieza.es | 12 de abril de 2017 a las 11:33

Si aquella mañana no hubiera reaccionado de esa manera tal vez no habría evitado la muerte de un hombre que sufrió un infarto en los juzgados de Cieza. De no haber sido por la intervención de este vigilante, con su decidida actuación al practicarle respiración asistida, es seguro que el desenlace hubiese sido todavía más dramático.

Se le ve contento más allá de las meras formalidades y es que Domingo Lucas Bastida (Cieza, 1964) se encuentra abrumado por la condecoración recibida. "Me siento muy satisfecho, primero porque se pudo salvar la vida de aquella persona y segundo porque a todo el mundo le gusta que le reconozcan algo así". Hoy sus vecinos muestran su afecto y respeto y el reconocimiento a su gesto es tal que la Dirección General de la Guardia Civil le ha distinguido con la Mención Honorífica (Categoría B) por haber sobresalido en el cumplimiento de sus obligaciones profesionales.

Si la experiencia es un grado, este ciezano lo demostró el 30 de junio de 2011 con creces cuando se encontraba en la planta baja de los juzgados y presenció el desplome de un hombre que había acudido con su cónyuge para tramitar el divorcio. Al parecer, por la tensión ocasionada por una discusión con su hijo, comenzó a sentirse mal aduciendo un fuerte dolor en el pecho. En ese momento se tambaleó y cayó al suelo con tan mala fortuna que se abrió una brecha en el cráneo. A Lucas se le encendieron todas las alarmas cuando comprobó que, tendido en el suelo sobre un charco de sangre, yacía inconsciente.

"Al principio me quedé impactado. Inmediatamente, le tomé el pulso. Me costó mucho reanimarlo porque es un hombre corpulento. Entre otras reanimaciones, tuve que practicarle la respiración 'boca a boca'", explica. Fue una reacción lógica, casi instintiva. Al hablar de posibles riesgos ante una situación de estas características, su cara toma un cariz de preocupación. "De haber salido algo mal, la responsabilidad hubiera recaído en mí", conjetura. La duda rondó durante un tiempo al vigilante jurado: "Después, en frío, pasé un mal rato porque era consciente de que hice una función que no me correspondía".

En el comunicado emitido por el alférez comandante del Puesto de la Guardia Civil de Cieza el 11 de noviembre de 2011 se asegura que un miembro del servicio médico que acudió posteriormente al lugar del hecho manifestó a dos agentes de la Benemérita que de no ser por la asistencia de Domingo Lucas Bastida el hombre hubiera fallecido por parada cardiorrespiratoria. "Volvería a hacerlo -confiesa en la entrevista- si tuviera la certeza de poder salvar una vida. En el mismo momento que el médico del 1-1-2 me felicitaba por la asistencia los nervios se apoderaron de mí. Faltó poco para me diera un ataque", bromea.

El reconocimiento general acerca de las virtudes de este vigilante jurado viene avalado por la opinión unánime de sus vecinos. En este sentido, la Dirección General de la Guardia Civil reconocía el gesto condecorándole recientemente en un ejercicio impecable de la responsabilidad que incumbe a una institución como la Benemérita antes hechos como este. El reconocimiento se concedió al amparo del Real Decreto 2364/1994 por el que se aprobó el Reglamento de Seguridad Privada. "Muchas veces, los que estamos dedicados a esta profesión pensamos que nuestra labor pasa desapercibida, y no es así", comenta.

Este vigilante está tan solo en los juzgados de Cieza como lo estaba, en la imaginación de Daniel Dafoe, Robinsón Crusoe en su isla del delta del Orinoco. Cierto es que, del mismo modo que el naufrago tuvo a Viernes a su servicio, Lucas dispone de pantallas de televisión de circuito cerrado desde un mostrador de control. Ambos personajes, el de la realidad y el de la ficción, no cuentan con más ayuda que la suya propia. No se entiende que la ley no obligue a que los agentes vayan, al menos, en pareja si realizan tareas similares a las de los cuerpos policiales. Únicamente utilizan como única protección personal una porra.

Defiende la profesionalidad y entrega del sector de la seguridad privada. Cada vez tiene más reconocimiento esta labor, aunque sea cuestionada por algunos, y deja caer otra cuestión que no quiere pasar por alto: "En esta profesión mucha gente nos trata como si fuéramos unos chulos. Mucha de esa gente no conoce las funciones que realizamos cada día. Por ello, hechos de este tipo ayudan a limpiar poco a poco el nombre de este colectivo. Es un oficio que no está muy bien considerado socialmente". Lo dice alguien que valora su trabajo por encima de todo y que necesita tener los pies bien en el suelo.

Sin embargo, comprende que pueda haber esa percepción, pero desde su experiencia con el sector, donde lleva desde los 23 años, ha comprobado la profesionalidad y el rigor con los que se trabaja se traducen en un extraordinario servicio público. Toda su vida ha sido un obrero de la seguridad privada. Cuando era más joven trabajó en discotecas y locales de ocio nocturno de la localidad. También ejerció de bombero durante cinco años, lo que le proporcionó una notable perspectiva sobre el servicio a la comunidad. Hace nueve años comenzó a trabajar en los nuevos juzgados de la avenida Diego Jiménez Castellanos.

A propósito del reconocimiento recibido por la Dirección General de la Guardia Civil se muestra muy agradecido. Sentirse bien es un regalo. Así es como se encuentra el protagonista de esta entrevista. Recuerda que tuvo la suerte de nacer en una familia de "muchísimos valores". Así le educaron. Y cuando va por la vida no puede taparse los ojos. Casado y padre de dos hijos, piensa que todos deberíamos de revisar nuestra manera de entender la vida que es la forma de interactuar con el mundo. "No hay nada mejor que puedan de decir de una persona que ha pasado por la vida ayudando a los demás. Ése es el mayor honor", concluye.