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Antonio Jesús Yuste apela a la tradición histórica de San Bartolomé para ensalzar las fiestas patronales

Cieza.es | 18 de agosto de 2015 a las 13:30

Su nombre, el de Antonio Jesús Yuste, figura ya junto a los de Cristóbal Herrera, Juan Manuel Molina, Rafael Salmerón, María José Alcaraz o Santiago Martínez, ciezanos que pregonaron las fiestas de San Bartolomé. El joven escultor e imaginero habló de todas las señas de identidad de la feria y las hiló con sus recuerdos familiares y de juventud.

Desde 1996 se viene celebrando el pregón de la Feria y Fiestas de San Bartolomé, organizado por su hermandad. Cada 15 de agosto, al concluir la procesión del santo patrono, se proclama la feria desde el atril de la basílica de la Asunción y con la plaza Mayor a rebosar de público.

La presentación del pregonero de este año corrió a cargo de María José Alcaraz. Una vez realizado la salutación a las autoridades municipales y público en general, Antonio Jesús Yuste desgranó el resto de su discurso, en el que invitó a reflexionar sobre "los vínculos que nos unen como pueblo; vecinos de un pueblo que a San Bartolomé veneran y que siempre se han sentido seguros bajo su protección".

"Mi presencia en esta tribuna escapa a mi comprensión, pues no alcanzo a entender cuáles son los méritos contraídos. Pero sí he de decir alto y claro que, aunque no lo entienda, me siento orgulloso de haber formado parte de vuestros pensamientos: los de esta hermandad, cuyo afán ha sido siempre marcar la memoria de Cieza con la huella indeleble del Santo. Porque en Cieza, ¡oídme bien!, nunca hubo más santo, que San Bartolomé", aseveró ante los presentes en uno de los momentos más aplaudidos.

Yuste no dejó ningún cabo suelto al aludir a las señas de identidad a las que se siente ligado cualquier ciezano enamorado de sus fiestas: "Como os decía, hoy no sé por qué estoy aquí. Porque nunca se escuchó mejor pregón de feria que el del Tío la Pita, que dejaba mudo a un niño de siete años con su única presencia. Un pobre chito al que ahora no le queda más remedio que buscar palabras de ilusión e infancia, de reencuentros y familia, para evocar nuestra feria, para construirla, y que sólo existen en mi memoria dormida".

El autor del Cristo de la Expiración habló del pasado, de esos acontecimientos de hace veinte o veinticinco años, pero lo hizo en clave de nostalgia. Se refirió a "mi abuela Pascuala, piedra angular de mis afectos, que siempre me decía que la feria no empezaba hasta el amanecer del 24 de agosto cuando, al son del pasodoble, despertaba la mañana. Entonces, y sólo entonces, el sol descubría uno de los días más hermosos que Dios le ha regalado a Cieza. Aún la siento asomada al callejón de la Virgencica, esperando la llegada de la diana musical, al compás de la batuta del Lorito".

También contó que conservaba vivencias infantiles ligadas a "nombres tan remotos a mi realidad actual como los de la Nena de la Pinina, Antoñico de Marcos, Anica del torero, El Morena, mi tía Visita 'La Migala' o su sobrina, la chacha Encarna. Todo un universo de personajes que, de una manera u otra, se entreteje con mis primeros recuerdos de feria". Tampoco se olvidó de contar cómo descubrió su "afán por imitar a Dios en representar con barro la vida. Y así surgió mi primera obra sin saberlo: un pequeño San Bartolomé de plastilina coloreado, algo titubeante, aunque terrible en su mirar".

"Ahora sí, San Bartolomé, ya exaltada tu feria desde mis recuerdos, tengo que despedirme de ti; aunque, más que un adiós, los dos sabemos que es un hasta luego. Porque, cuando muera agosto volverás a tu casa y, en cada crepúsculo del día, seré testigo del milagro del sol dormido: aquél que desde poniente enciende el fanal de luz de tu ermita en el atardecer de todas las noches. Iluminando el prodigio de Dios sobre nuestra huerta, preñada de tus bendiciones", dijo.

Finalmente, y en alusión a próxima paternidad, indicó que "la misma luz cuyos reflejos buscan cobijo en mi casa al oscurecer. Y así la consagras con tu presencia, fiel a tu cita día tras día, sellando con ella todas mis plegarias. Y sobre todas, una, ésta que te elevo desde la posición de privilegio en la que me encuentras, y en la que te confío la hora en la que habrá de nacer Mateo, mi primer hijo, para que la hagas corta y buena. A cambio, no dejará mi boca de pronunciar tu nombre, no tres; sino mil veces y las que hicieran falta, hasta verlo estrechado entre los brazos de mi mujer, Ana: ¡portento de la vida que no acaba!".

Devolviendo una sonrisa a cuantos intentaban felicitarle, agradeciendo las muestras espontáneas de cariño del público y tratando de no causar más revuelo del necesario, el protagonista de la noche recibió la insignia de oro de la hermandad de manos de la presidenta de San Bartolomé, Laura Villa. También fue obsequiado con una obra del artista ciezano Francisco Moreno Gómez 'Paco Chicha'. Por otro lado, el alcalde de Cieza, Pascual Lucas, le impuso la insignia de la ciudad.

La Banda Municipal de Cieza bajo la dirección de Ginés Martínez abrió un acto al que asistieron los concejales de la Corporación municipal María Ramos, Antonio Moya, Manuela Fernández, Miguel Gual, María Pilar Martínez, Juan Manuel Molina y Francis Piñera; el diputado nacional Teodoro García; la vocal de Formación de la Junta de Hermandades Pasionarias, Josefina Aroca; el párroco de la basílica de la Asunción, Antonio Muñoz, y la sargento-jefe de la Policía Local, María Jesús Hernández.